La jugada pareció salida de un cuento con mucha carga de emoción y de alegría. Giovanni Alejandro Reyna, el estadounidense con raíces argentinas -su abuelo Miguel fue futbolista profesional en Los Andes- recostó levemente el cuerpo hacia la derecha y anunció que iba a patear de tres dedos contra el arco defendido por Orlando Gill. Los hinchas que colmaban el SoFi Stadium de Los Ángeles, que vibraban con el 3-1 parcial ante Paraguay, se paralizaron por un instante, conscientes de que podían estar a punto de presenciar uno de los mejores goles de la Copa del Mundo. La sensación era que esa postal de expectativa podría estar siendo replicada en todo el país. Pero no. O al menos no en Nueva York. La indiferencia hacia el fútbol fue una de las grandes protagonistas en la ciudad más maravillosa de Estados Unidos. Y eso que las pantallas de casi todos los locales gastronómicos mostraron aquella secuencia. Nadie las miró. Todos continuaron inmersos en sus rituales de abundantes comidas y largas conversaciones. Cuando Reyna culminó su golazo, no se escuchó ni un grito. Toda una rareza vista desde los ojos de los argentinos.

Y no se trata de nacionalismo ni de falta de expectativas. Tampoco se puede hablar de lo ocurrido en la zona de Times Square, que estuvo copada por brasileños y marroquíes, protagonistas hoy de uno de los mejores partidos de la fase de grupos del Mundial. Pero en las afueras, más precisamente en Nueva Jersey, la mayoría de los restaurantes se preparó para el debut del equipo dirigido por Mauricio Pochettino.

Buffalo Wild Wings es una cadena de bares deportivos con franquicias en todo el país. La sucursal ubicada sobre Harmon Meadow Boulevard, en Secaucus, se vistió para la ocasión con globos blancos, rojos y azules, además de banderas de distintos países del mundo. El local se llenó y casi todas las pantallas estuvieron con el partido frente a Paraguay; apenas un par devolvían imágenes de un encuentro de básquet universitario. Sin embargo, nadie les prestó atención. Ni en el golazo de Reyna ni en los anteriores. Ni siquiera hubo aplausos o acercamientos para ver alguna repetición.

Lo único más o menos futbolero que ocurrió durante los 90 minutos fue cuando un grupo de chicos ingresó al local promediando el segundo tiempo. Uno de ellos levantó el puño al observar que Estados Unidos ganaba 3-1. Luego se sentó y le dio la espalda al televisor.

El fútbol sigue siendo un deporte de nicho en Estados Unidos. Eso es, al menos, lo que parece. Por eso quienes aman este deporte suelen reunirse en los Fan Fest para compartir las emociones. Hubo buena concurrencia en casi todos los festivales montados en las distintas ciudades, aunque el de Queens estuvo lejos de colapsar. El resto de la sociedad casi ni se enteró de que se está jugando un Mundial.

Ahora bien, los fanáticos de verdad se hacen sentir. Los festejos en Los Ángeles se extendieron durante varios minutos tras la goleada. Miles de hinchas se reunieron alrededor del estudio que la cadena Fox Sports instaló en el SoFi Stadium, y la imagen más repetida fue la de los vasos de cerveza volando por el aire. Zlatan Ibrahimovic y Thierry Henry, dos de los presentadores invitados, disfrutaron durante largo rato de la celebración junto a los aficionados.

"Salieron las cosas bien porque hicimos las cosas bien. Hemos tenido éxito contra un equipo muy duro. Debemos ver si al final del torneo podemos replicar lo que hemos hecho. Estoy muy orgulloso porque creo que estamos ganando muchos fans en América", destacó Mauricio Pochettino tras el enorme debut ante Paraguay.

Estados Unidos ganó con autoridad, goleó y regaló momentos de alto vuelo. Pero la verdadera victoria que persiguen este Mundial y Estados Unidos no se mide en la tabla de posiciones: consiste en conquistar definitivamente a un país que todavía mira al fútbol con pequeña curiosidad más que con pasión.