La Scaloneta está santificada en el Mundial 2026. Sabrán disculpar aquellos que tengan otra religión que no sea la católica. Se necesitan dos milagros para canonizar a alguien. El primero ya se había gestado contra Egipto, en la remontada más épica de la historia. El segundo, llegó este sábado/domingo en forma de VAR, con esa revisión que sacó a Embolo de la cancha por doble amarilla, la segunda en una burda simulación. Y la obra y gracia fue de San Julián Alvarez, que dibujó esa rosca cinematográfica en el minuto 112 de un partido malo y difícil contra Suiza. Que después la recuperó en el 120 para empezar el contragolpe que definió Lautaro Martínez.
La Selección, por segundo mundial consecutivo, está en semifinales. Lionel Messi será el primer argentino en jugar esa instancia tres veces. Y, como si todo eso fuera poco, será otro duelo contra Inglaterra, 40 años después del Azteca, y con los pibes de Malvinas presentes en cada grito de los que cierran una noche tensa en el estadio de Kansas City. ¿Quedará algún milagro más por usar? Se sabrá el miércoles en Atlanta.
La alegría es incalculable. Los jugadores se abrazan y saltan en el borde del área donde convirtió los dos tantos de la clasificación en el segundo tiempo del alargue. Resuena "La T y la M" en los altoparlantes del estadio y siguen saltando pese al desgaste que se necesito. "Soy argentino y me sobran los huevos", explotan los hinchas que no se mueven de sus butaca, identificados totalmente con la forma de competir de un equipo que reescribió los libros, que es el mejor de la historia y dará pelea por superar a los de otros deportes que quieran pelear por ese lugar de privilegio.
"Ar-gen-tina, ar-gen-tina", despiden a los jugadores los hinchas que, antes, no se olvidan del famoso "el que no salta, es un inglés". Serán cuatro días muy intensos.
La celebración es casi proporcional a la tensión y la bronca que había por un rendimiento al que no nos tiene acostumbrado este equipo. Nadie puede desconocer que esta versión de la Selección Argentina no fue la de la Scaloneta. Apenas un puñado de minutos en el cierre de un suplementario innecesario contra un equipo que hizo un culto de la defensa y que logró, por primera vez en esta Copa del Mundo, sacarle la pelota a Messi y compañía.
Fue un partido incómodo en Kansas City. En el que esa versión mejorada que se le había visto en los mayores tramos de esta Copa del Mundo no apareció. Habrá sido por mérito de Suiza o falla de Argentina, pero ni siquiera el gol inicial de Alexis Mac Allister lo acomodó. Porque hasta ese momento había sido todo de los helvéticos, hasta que Messi tocó la pelota. Habían pasado ocho minutos ya y el capitán apenas si había tenido contacto con el balón.
Foto Juano Tesone / Enviado especia
En algún momento se explicará por qué fue en contra de sus ideales la Selección. Cuando el trabajo más difícil estaba hecho por una pelota parada -¿el nuevo arma de la Selección?- decidió volcarse atrás, defender en un bloque bajo al que no está acostumbrado y que no siente. Tuvo que ponerse el overol la Scaloneta. No es un detalle que le pese, porque ya lo ha hecho en otros momento, sino porque quizás no está tan acostumbrado.
Y eso se notó en el juego y en Messi. Apenas superó los 100 pases en el primer tiempo, cuando suele superar los 300. A veces, el dato mata relato. El capitán no encontró su lugar en la muralla roja que se le plantaba por delante. Cuando lograba romper la presión, Argentina tomaba decisiones rápidas, sin elaboración. Esos dos o tres toques que Scaloni odia que vayan hacia adelante, le quitaba visión de juego.
La expulsión, justo después del empate de Dan Ndoye -que volvió a exponer el déficit que Argentina tiene en el costado derecho de la defensa-, le solucionó todos los problemas que había mostrado Argentina. Le devolvió la pelota, con Paredes como eje, pero muy baja velocidad para moverla. Eso hizo que el ataque se volviera monotemático. No había rebeldía salvo por algún intento de Messi.
Foto Juano Tesone / Enviado especial
Hasta que apareció San Julián Alvarez para recibir el pase de José "Flaco" López -sí, Scaloni puso tres nueves en el segundo tiempo del suplementario- e impactar en el momento justo la pelota para que se vuelva inatajable. Será hipnótico ver la cantidad de ángulos en cámara lenta que permitirán observar la transformación de los rostros de la gente en las tribunas.
Cuando el 5 de diciembre en Washington se hizo el sorteo del Mundial 2026 el juego estaba planteado. Cuatro países ya sabían que, si ganaban su grupo y avanzaban hasta las semifinales, iban a cruzarse según el ranking FIFA. Inglaterra era el apuntado. Nadie, hasta este momento, se atrevía a mencionar si quiera esa posibilidad. Pero acá está de nuevo Argentina. Puede haber jugado su peor partido de esta Copa del Mundo. Pero lo avisó Scaloni: todavía está vivo y con hambre de repetir la gloria.
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