Hay futbolistas que dejan una colección de títulos. Otros, una sucesión de grandes partidos. Franco Baresi dejó algo todavía más difícil de conseguir: el respeto unánime de quienes compartieron un vestuario con él y también de quienes pasaron años intentando derrotarlo. Su muerte, este viernes a los 66 años, provocó un dolor que excedió largamente al Milan y al fútbol italiano. Porque se fue uno de esos jugadores que lograron una rareza absoluta en un deporte construido sobre rivalidades: ser admirado por compañeros, rivales, entrenadores y hasta por las mayores leyendas de la historia.

Las respuestas sobre esa admiración aparecen en voces que marcaron una época. Paolo Maldini, heredero de aquella defensa legendaria del Milan, lo definió como "el mejor jugador con el que tuve el honor de jugar". Diego Maradona pidió su camiseta después de un partido inolvidable y la calificó como "la de un grandísimo jugador". Javier Zanetti, emblema del clásico rival, el Inter, lo despidió como una "leyenda para generaciones". Arrigo Sacchi, el entrenador que revolucionó el fútbol europeo con aquel Milan, llegó a decir que Baresi era "el director de orquesta" de su defensa y admitió que sin él habría tenido que inventar otro fútbol. Carlo Ancelotti, compañero suyo durante una de las etapas más gloriosas del club, resumió su sentimiento con apenas cinco palabras: "Siempre serás mi capitán".

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La noticia fue confirmada por el Milan, el único club de toda su carrera. Allí disputó 714 partidos durante veinte temporadas, ganó seis títulos de la Serie A, tres Copas de Europa, dos Copas Intercontinentales, dos Supercopas de Europa y cuatro Supercopas de Italia. Fue capitán durante quince años, el club retiró la camiseta número 6 en su honor y, tras su retiro, ocupó el cargo de vicepresidente honorario. Con la selección italiana integró el plantel campeón del mundo en España 1982 y, ya como capitán, condujo a la Azzurra hasta la final del Mundial de Estados Unidos 1994.

En su despedida, el Milan resumió el lugar que ocupó en la historia de la institución. "La historia completa del AC Milan está de luto por la muerte de Franco Baresi. Su ejemplo y su integridad quedarán grabados para siempre en el ADN del club, al igual que su icónica camiseta con el número 6", escribió la entidad rossonera.

Pero la dimensión de Baresi nunca se explicó únicamente a través de los títulos.

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Fue uno de los líberos más influyentes que dio el fútbol. Medía apenas 1,76 metro en una época en la que los grandes delanteros imponían condiciones desde lo físico. Sin embargo, convirtió esa aparente desventaja en una virtud. Rara vez necesitaba recurrir al golpe o a la desesperación. Llegaba antes porque pensaba antes. Anticipaba porque interpretaba la jugada antes que el delantero. La velocidad de sus piernas era importante; la de su cabeza, decisiva. Su dominio del fuera de juego, la capacidad para ordenar toda una defensa y un sentido casi perfecto de la anticipación terminaron convirtiéndolo en el líder del Milan que transformó para siempre la manera de defender.

Sacchi encontró en él al futbolista ideal para llevar adelante una revolución táctica que todavía hoy se estudia. Baresi era quien conducía una línea defensiva que jugaba lejos del arco propio, adelantaba metros con una sincronización perfecta y dejaba rivales en posición adelantada casi por instinto. "Franco era el director de orquesta de mi defensa", explicó el entrenador en más de una oportunidad. No era una metáfora. Era el jugador que hacía funcionar todo el sistema.

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Ninguno conoció mejor esa influencia que Maldini. Debutó en Primera siendo apenas un adolescente y encontró en Baresi mucho más que un compañero. Encontró un guía. "Hola Franco. Hoy siento lo mismo que sentía siempre que, por la razón que fuera, no podías estar en el campo con nosotros: ¿cómo vamos a arreglárnoslas sin nuestro capitán?", escribió este viernes en una emotiva carta publicada en sus redes sociales.

Después llegaron las palabras que mejor explican la huella que dejó en quienes compartieron el vestuario con él. "Me enseñaste a luchar hasta el último aliento y me mostraste el significado de la lealtad a la camiseta y el valor de ser un verdadero líder. Lo hiciste con tu ejemplo, cada día: pocas palabras, pero innumerables acciones". Y cerró con una frase que, tratándose de otro de los mejores defensores de todos los tiempos, adquiere un peso enorme: "Me protegiste de niño, me guiaste de joven y me inspiraste de adulto. Fuiste el mejor jugador con el que tuve el honor de jugar".

Ancelotti, otro integrante de aquel Milan irrepetible de finales de los 80 y principios de los 90, eligió una frase breve para resumir lo que significó Baresi en su carrera. "Siempre serás mi capitán. Descansa en paz", escribió el actual entrenador del seleccionado de Brasil. Compartieron vestuario entre 1987 y 1992 y fueron piezas fundamentales del equipo que, bajo la conducción de Sacchi y luego Fabio Capello, conquistó dos Copas de Europa consecutivas, en 1989 y 1990. Más que un excompañero, Ancelotti despidió al líder de uno de los mejores equipos que dio el fútbol moderno.

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La admiración, sin embargo, nunca quedó encerrada dentro del vestuario del Milan. En 1989, después de que Napoli derrotara 3-0 al conjunto rossonero con una actuación brillante de Diego Maradona, ocurrió una escena que terminó convirtiéndose en una de las imágenes más recordadas de aquella Serie A irrepetible. El capitán argentino salió del estadio luciendo la camiseta número 6 de Baresi.

Cuando un periodista le preguntó por qué había elegido justamente esa camiseta, Maradona respondió sin dudar: "Esta es la camiseta de un grandísimo jugador. Pienso que Franco Baresi es el mejor defensor. Este es un recuerdo que guardaré para toda la vida".

La admiración era completamente mutua.

Baresi enfrentó a algunos de los mejores delanteros de todos los tiempos. Sin embargo, cuando le pidieron que eligiera al rival más difícil de toda su carrera, nunca vaciló. "Si tuviera que elegir al rival más fuerte contra el que he jugado, diría que fue Maradona", reconoció en una entrevista con el diario Marca. En otra oportunidad fue todavía más lejos: "Con Maradona en la cancha uno pagaba con gusto la entrada". El elogio, viniendo de un defensor obsesionado por anular a los mejores, tenía un valor especial.

El reconocimiento tampoco conocía fronteras. Arthur Antunes Coimbra, Zico, uno de los mayores ídolos de la historia de Brasil, lamentó su muerte con palabras que ayudan a entender por qué despertaba tanta admiración. "Hoy es un día muy triste para el fútbol porque perdió a uno de los mayores jugadores de la historia", afirmó. Luego recordó una característica que lo distinguía incluso entre los grandes defensores de su época: "Tenía una calidad excepcional y era un gran profesional. Entraba fuerte y con firmeza, pero siempre iba al balón, siempre quería jugar al fútbol". El elogio no apuntaba a sus títulos ni a su liderazgo. Apuntaba a su manera de entender el juego.

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También Zanetti, símbolo del Inter y rival durante años en uno de los clásicos más intensos de Italia, dejó de lado cualquier rivalidad para despedirlo. "Bandera, capitán, leyenda: el número 6 para siempre", escribió junto a una fotografía de ambos levantando la Champions League. Después añadió una frase sencilla, pero cargada de significado: "Una leyenda para generaciones. Buen viaje, Franco".

Hay otra imagen que también ayuda a explicar quién fue Baresi. No es un quite, un anticipo ni una Copa levantada. Es una fotografía tomada el 17 de julio de 1994, en el Rose Bowl de Pasadena. Italia acababa de perder la final del Mundial frente a Brasil por penales y el capitán era un mar de lágrimas. Había fallado el primer remate de la definición apenas cuarenta días después de haberse recuperado de una operación de meniscos que incluso había puesto en duda su presencia en el torneo.

Quien lo abrazó aquella tarde fue Raffaele Ranucci, jefe de la delegación italiana en ese Mundial. Este viernes, al conocer la noticia de su muerte, recordó aquel instante con una frase cargada de emoción: "Ahora lloro a un gigante". Después volvió a definirlo como "el verdadero líder de aquella selección" y reveló qué le dijo en medio del dolor: "Lo consolé recordándole que sólo los grandes se animan a patear un penal en una final del mundo". Aquel abrazo quedó inmortalizado en una fotografía que, con el paso de los años, terminó simbolizando otra de las virtudes de Baresi: la capacidad de hacerse cargo incluso en la derrota.

El alcance de su figura quedó reflejado también fuera del fútbol. Antonio Tajani, ministro de Relaciones Exteriores de Italia, lo definió como "un campeón dentro y fuera del campo, un símbolo eterno del AC Milan" y aseguró que "Franco Baresi será para siempre un legado del fútbol italiano". El mensaje confirmó que su muerte fue vivida como la pérdida de una figura nacional y no solamente de un ídolo deportivo.

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La influencia de Baresi tampoco terminó con su retiro. Alessandro Nesta lo reconoció siempre como un modelo para quienes ocuparon el centro de la defensa y Pep Guardiola lo incluyó entre los mejores zagueros que vio en toda su vida. No fue casualidad. Baresi cambió la manera de entender el puesto. Demostró que un defensor podía dominar un partido desde la inteligencia, la lectura del juego y el liderazgo mucho antes que desde la fuerza física.

Quizá por eso su muerte provocó un consenso tan poco frecuente. Lo lloró el Milan, el club de su vida. Lo despidieron discípulos, compañeros como Ancelotti y rivales eternos. Lo recordó el hombre que lo abrazó en la noche más dolorosa de su carrera y hasta el gobierno italiano lo señaló como un patrimonio del país. Todos encontraron palabras distintas para describirlo, pero terminaron diciendo lo mismo. Baresi ganó 18 títulos con la camiseta rossonera y levantó una Copa del Mundo con Italia -integró el plantel campeón en España 1982, pero no sumó minutos-. Sin embargo, acaso su conquista más extraordinaria haya sido otra: convertirse en el defensor al que todos, incluso sus adversarios, eligieron admirar.