En un campo minado de egos -propio del mainstream del entretenimiento- Daniel Burman y Daniel Hendler devuelven todo menos alarde. Casi ajenos al reflector que sellará el reencuentro y, por momentos, anticipando (certeramente) la respuesta de su compañero. Y no es futurología. Detrás de la dupla de El abrazo partido -filme argentino de culto que completa una trilogía inaugurada en los 2000, que los unió como realizador/actor- hay historia. De ésas que desde los cimientos forjaron la inoxidable alianza que los llevó a codirigir el actual estreno.

Un dramedy contemporáneo original de Flow, El resto bien, que en coproducción con Cimarrón y Oficina Burman (The Mediapro Studio) fue el pendiente que reactivó “sin vueltas” su histórica sintonía.

“Somos amigos. No nos vemos muy seguido y cuando nos vemos no nos reclamamos”, declaran como primer mandamiento de un vínculo que, desde hace 25 años, pareciera eternizado. “Además nos conocimos de muy chiquitos. Yo siempre un poco más que él, aunque no parece por el pelo”, suma Daniel Hendler, el intérprete uruguayo, que además de colaborar en la dirección de la serie de 8 capítulos, encarna un papel que acompaña con ocurrencia el viaje existencial del protagonista (Benjamín Vicuña).

Y aunque será el actor chileno el de la andropausia galopante -la crisis de la mediana edad masculina, detonada por una hernia que le prohíbe cargar más de tres kilos en la ficción- fuera de cámara es Daniel Hendler el que recibió el 2026 soplando 50 velitas.

“Justo tengo la edad del personaje de esta serie y el cuerpo me está hablando más. Dejé de fumar y una serie de cosas más”, advierte quien vuelve a sellar en la pantalla una suerte de hermandad elegida con Vicuña -a partir de una sociedad creativa-, que ya fue su hermano en El silencio de Marcos Tremmer.

“La de esta serie es una crisis existencial burguesa, porque es de vivencia y no de supervivencia, muy común a toda una generación”, agrega Daniel Burman que, sin exponerlo, juega al límite con su alter ego una vez más.

Hendler y Burman, el reencuentro laboral de dos que se conocen de memoria. Foto: Martín Bonetto

La vida a los 50 (de hoy)

-Después de aquella trilogía de películas juntos encabezada por “El abrazo partido” (2004), lo de ustedes pareciera siempre un reencuentro. ¿Lo viven como tal o nunca dejaron de frecuentarse?

Hendler: Somos amigos. Cuando nos conocimos, ¿yo tenía 22? Entonces pasa el tiempo y hay una confianza inquebrantable.

Burman: Cuando empecé a conversar con quién podía compartir la dirección de este proyecto, dije: 'Hendler'. Y como también vi todo su proceso de convertirse en director, de hecho en alguna película suya me involucré, era un pendiente que, sin saberlo, teníamos.

Burman sobre Hendler: "Me impresiona cómo podía dirigir y actuar al mismo tiempo. Me parece muy complicado". Foto Martín Bonetto

-La serie expone algo muy universal del ser humano que son las crisis. ¿Desde dónde partieron para iluminar con humor y matices una temática tan existencial y profunda?

Burman: Los 50 se convirtieron en el momento donde los hijos a veces están todavía en el pico de demanda y los padres demandan como hijos de uno. A eso se suma la crisis de: quién soy, a dónde voy, qué hice y me queda por hacer. Hace 100 años un hombre de 50 hablaba de los padres como algo del pasado y hoy va corriendo a la casa porque se cayó su padre o su madre. Tiene una mirada de comedia, porque no es un drama, sino el transitar de la vida.

Hendler: Además es una crisis impalpable que no tiene un síntoma claro. En las ficciones siempre hay un problema que se presenta desde el inicio a resolver y acá, al ser invisible, se vuelve un poco absurdo. Y aparece la comedia.

-Esa sensación de asfixia invisible se potencia con la cantidad de personajes en un decorado muy reducido, que no debe ser lo más fácil de orquestar.

Burman: Fue el desafío más grande, pero lo que más disfruté. Organizar la puesta de tanta gente y mantener la sensación de caos permanente.

Hendler acerca del gancho narrativo de la serie: "Es una crisis impalpable que no tiene un síntoma claro". Habla de cómo transita los 50 el personaje central. Foto: Martín Bonetto

Hendler: Y contar con un elenco con unos colores muy diversos es una fauna que todo el tiempo te está dando sorpresas. No sólo al espectador, también a nosotros.

Dirección compartida y actuación sorpresiva

-Hablando de sorpresas, te tocó reemplazar un personaje que se bajó. ¿Te allanó camino que la dupla vuelva a ser con Vicuña, después de esa hermandad tan entrañable en “El silencio de Marcos Tremmer” (Prime Video)?

Hendler: Sí, es fácil trabajar con Benjamín, que somos una especie de hermanos acá también. Burman me convocó inicialmente para codirigir algunos capítulos y cuando surgió salir a la cancha, estaba de suplente por si hacía falta y salí.

Burman: Me impresiona cómo podía dirigir y actuar al mismo tiempo. Me parece muy complicado.

Hendler: Es un poco alienante.

Abonado al doble rol, Hendler, que viene de protagonizar y dirigir 27 noches (que también coguionó) y de escribir y dirigir Un cabo suelto -que viene de presentar en salas uruguayas- lo vuelve fácil.

“Es dar unos pasos y pasar para otro lado. Cuando trabajaste mucho la puesta y con los actores, no quiero decir que me salga fácil actuar, pero no es tan complicado. También tengo claro que el autor de la serie es él y me metí en su universo”, dice el guionista nacido en Montevideo.

-Acá tenés otra espalda.

Hendler: Además es distinto caer en paracaídas, que, a veces, pasa. Llegar a una serie con un personaje secundario sin trabajo previo es difícil y también encontrar el tono y código con el resto.

Burman y Hendler en 2004, premiados en el Festival de Berlín por "El abrazo partido". La multipremiada película forma parte de un trilogía, que se completa con "Esperando al Mesías" y "Derecho de familia".

Y aunque tanto guiño no deje huella libre del director -también padre de cinco hijos-, el hombre que siempre vuelve al Once y que fue múltiples veces nominado a los Emmy por su pulsión de contar se desmarca. “Hay disparadores que siempre tienen que ver con la vida cotidiana, pero tampoco es una trasposición de mi vida personal”, dice el creador de la serie Iosi.

-Algunos actores que trabajaron con vos coinciden en que sos muy receptivo con el equipo. ¿Eso hizo que esta dupla naturalmente empatara sin choque de egos?

Burman: No sé. Yo me la pasé 30 años haciendo esto y cuando hacés la primera película o segunda, pensás que es un momento de tu vida. Después te das cuenta que es un pedazo enorme que te la pasás en rodaje. Después la película desaparece, queda en el aire y lo que quedan son los vínculos. Crear climas de rodaje es tan importante como lo que metés en el rectángulo.

Y agrega: "La época del director dictador y '¿cómo vino hoy?' es un triste recuerdo. Debería tener el mismo tono que un asado con amigos".

Hendler: Es verdad que Burman es bastante fácil porque no se toma muy en serio a sí mismo, entonces rompe el hielo rápidamente. Quizá exagera con esto de que las películas se olvidan, que no le importan a nadie...

Burman: No dije que no le importaban a nadie, jaja.

Hendler: Puede ser que exagere. Pero es cierto que no hay problema de ego.

Burman: No en el trabajo, lo puedo tener en casa.

La alianza de viejos conocidos

-¿Cambia mucho tener un aliado actor en el rol?

Burman: Y, sí, porque él conoce ese lenguaje. Era muy común que a veces le dijera: 'Andá a hablar vos'. Como una interfaz que te genera mucha economía de energía, jaja.

-Muchos espectadores en el mundo se acercaron al cine argentino por “El abrazo partido”. ¿Les despertó alguna nostalgia volver juntos a Berlín, después de aquel histórico recorrido (la película ganó el Gran Premio del Jurado del festival alemán), pero a presentar esta serie en el Berlinale Series Market?

Burman: Nostalgia con él es imposible sentir pese a que es uruguayo. ¡Es un festejo! Hay muchos recuerdos del pasado, algunos quizás quisiéramos olvidar. Pero tenemos mirada de construcción de futuro.

Hendler: A mí sí me pasó que la última vez que vi a Eloy, uno de los hijos de Daniel, fue en un cine en Berlín, de donde tenemos una foto con los lentes 3D. Y me lo volví a encontrar acá, un tipo enorme, más grande que yo, que ya soy enorme. Más que nostalgia, es el paso del tiempo sintetizado en un ser. Y te das cuenta que parece ayer, pero no tanto.

-¿Cuando eran una dupla de culto? ¿O nunca se colgaron esa medalla?

Hendler: Sí, de culto, jaja. Él te va a responder lo contrario.

Burman: Fue una película icónica de un momento, pero sin ese momento la película no hubiera existido. Es la manifestación de una época, una generación. Y cuando alguien la nombra, lo que primero recuerdo no es la película, sino yo corriendo por el Once detrás de él con una cámara. El cine se hacía con las manos de verdad, éramos 8, 12 personas, un día 30 y después no había más. Me enorgullece que haya sido importante, pero es una película, no fue la vacuna del Covid. También hay cosas que quedaron fuera de época.

Hendler: Filmar calle era más fácil porque a la gente le gustaba ver el detrás. Hoy que el mundo está lleno de rodajes te sacan a las patadas. Y producir es más difícil porque ya es una mini industria.

Burman: La frase es “Andá a laburar”. Antes se filmaba con celuloide, le cuento a la gente joven, y cuando se estaba por acabar el cartucho y al actor no había terminado, físicamente sentías angustia. Tenías una conexión física muy orgánica y biológica con la filmación y el soporte material. Llegabas agotado.

Hendler: Y cuando se me escapaba algún término uruguayo en esa época, arruinar una toma en celuloide no era lo mismo. Ahora cortamos y seguimos.

Burman: Esa mirada de odio no la volviste a ver en mí, jaja.

Hendler: Nunca más.

Video

Daniel Burman recuerda su vínculo con Luis Brandoni

-Empatando al cineasta, te fuiste volcando al universo series, ¿es consecuencia de la crisis del cine o una decisión independiente?

Burman: Cuando te levantás a la mañana y vas a contar una serie de escenas a un set, no decís: 'Estoy haciendo una serie o película'. Estás contando algo. No siento un acercamiento tan diferente.

-Hace unos días murió Luis Brandoni, que dijo haber cumplido el pendiente de filmar con vos. ¿Cómo se despide a alguien como él?

Burman: No sabía que había dicho eso. La experiencia en La suerte en tus manos fue de una generosidad increíble y no había trabajado con él. Era del tipo de personas bastante infrecuentes que cuando entran a set hay una transformación de energía, porque todos quieren aprender de ellos. Lo convierten en experiencias colectivas y transformadoras.

-Hoy gran parte de las producciones audiovisuales estrenan directamente en plataformas de streaming. ¿Qué se ganó y qué se perdió?

Burman: Yo tengo una mirada menos romántica y más realista, porque soy de una generación donde cada estreno era una batalla cuerpo a cuerpo. Y conseguir un buen horario, una epopeya. Si bien extraño la sala, la masividad instantánea de plataforma es un impacto muy grande. No tengo una mirada nostálgica y, lejos de pelearme, utilizo esa carretera de la mejor manera posible.

Desde una oruga animada creada por Liniers a un universo que sofoca desde la puesta, Burman, su creador y escritor junto a Ariel Gurevich, Andrés Gelós, Pablo Gelós y Eloy Burman, expande su legado de colección. Sin anclarse en la nostalgia y abonado vitalicio a la reinvención.