“¡Andy, I love you! ¡Viva Cuba!” bajó el grito desde el balcony (nuestro super-pullman) en la Sala Lumière antes de la proyección de Diamond. Andy es Andy García, que dirigió este thriller que pega unos giros extraños, que lo tiene como protagonista como un detective que viste como en los ’50, pero vive el Los Angeles actual, y que tiene en su elenco a Dustin Hoffman y a Brendan Fraser, pero los dos ganadores del Oscar no lo acompañaron a Cannes.
No todos los días puede verse buen cine en el Festival de Cannes. Tendrá que ver con la decisión de la programación, probablemente, pero principalmente por las películas en sí…
Rami Malek protagoniza "The Man I Love", la segunda película estadounidense en competencia. Reuters
Ya cada vez falta menos para desembarcar en la jornada en la que el Jurado presidido por el surcoreano Park Chan-wook entregará su palmarés, que será el sábado. Y vistas 18 de las 22 películas en la Competencia oficial, las dos que se proyectaron ayer miércoles dejan más en el Debe que en el Haber y lleva a preguntar si hacía falta levantarse tan temprano para verlas.
Al que madruga no siempre Dios lo ayuda
Porque un grupo de críticos internacionales contamos con un pase a la Salle Bazin, donde, bajo un embargo que si se quiebra, se pierde el derecho, se ven las películas horas antes inclusive que en las galas en el Grand Thèâtre Lumière. Pertenecer tiene sus privilegios, dice el slogan de una tarjeta de crédito, pero aquí en Cannes también implica madrugar bastante.
El director Ira Sachs junto a Rami Malek llegan a la première de la flojísima "The Man I Love". EFE
Sin más, las películas en cuestión son The Man I Love, de Ira Sachs (Estados Unidos) y Notre Salut, de Emmanuel Marre (Francia/Bélgica).
Rami Malek es más que su personaje
The Man I Love llena todos los casilleros, de diversidad y más, que suelen acompañar a las películas que llegan a la Competición desde los Estados Unidos, no precisamente siempre desde Hollywood. Es un filme independiente, tiene un intérprete ganador del Oscar (Rami Malek), y su protagonista, que es homosexual, se mueve en el mundo del arte y la música.
Si uno sigue la filmografía de Malek cada vez es más reconocible que una cosa es cuando su actuación está en pos de una historia, y otra muy diferente cuando la película está como a disposición de su actuación. Malek ganó el Oscar al mejor actor por encarnar a Freddie Mercury en Bohemian Rhapsody, y si tal vez no fue el mejor actor candidato ese año sí su interpretación fue la mejor. No es un juego de palabras, pero le cae como anillo al dedo.
Luther Ford, Rami Malek, el director Ira Sachs y Tom Sturridge, bajo los reflectores. AP
Malek estaba muy bien en aquel filme, como también lo estuvo en El Amateur: Operación Venganza y en la reciente Núremberg: El juicio del siglo, pero no en Sin tiempo para morir. Cuando en vez de actuar gesticula y se pone en pose, ahí pierde credibilidad.
Y veracidad, confiabilidad es lo que necesita Jimmy, el personaje que interpreta, un “performer de teatro” que en los años ’80 sube a escenarios under de Nueva York y enferma de SIDA. El problema no es solo que su personaje no tiene ribetes, sino que ninguno de los que lo acompaña, sean amantes o parientes, tiene algún tipo de construcción dramática.
Ira Sachs, que tuvo en Cannes Frankie el año que ganó Parasite, entrega una película anodina.
El director Emmanuel Marre llevó su filmadora a la première de su filme. Foto Reuters
Un drama pretencioso
Algo similar sucede con Notre salut (Nuestra salvación), de Emmanuel Marre, pero es una película que pretende más que la estadounidense. Su trama, que tiene mucho que ver con el realizador, ya que el protagonista fue su padre, aborda cómo los colaboracionistas en la Francia ocupada por los nazis se miraron más el ombligo y se preocuparon por su propia salvación y no la de la patria.
Porque a Henri Marre, que llega a Vichy con toda la intención de formar parte de ese gobierno títere, lo desvela no volver a su hogar como se fue, siendo nadie, pero por momentos se cuestiona, muy para sí mismo, si lo que está haciendo es lo moralmente correcto.
Si bien hay diferencias, de estilo y de la historia misma, con La troisième nuit, de y con Daniel Auteuil, sobre el Padre Glasberg, que salvó a cien niños judíos de ser deportados y asesinados, aquella película fuera de competencia tenía dramatismo. Las dos son si se quiere decir, convencionales, pero Notre salut es pretenciosa.
Mirá quién vino. Kevin Spacey y acompañante. No trajo película. ¿A qué vino a Cannes? EFE
Y cuando alguien pretende, y no logra, suele ser un fracaso.
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