Marcela Pilatti y Aldo Romero obtuvieron el primer lugar en el muy reciente Campeonato de Tango Salón -que organiza el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires-, dentro de la categoría llamada Senior, es decir gente que ronda los sesenta años (y hay gente mayor también).
Y, sin embargo, se conocen desde hace algo menos de un año y provienen de recorridos muy diferentes.
Marcela (59 años) vive en la zona norte del Gran Buenos Aires. Fue profesora de música y luego inspectora en conservatorios provinciales. Jubilada. Bailó, como aficionada, muchos ritmos distintos; sólo le faltaba al tango, al que luego se consagró enteramente. Desde hace muchos años dicta clases de baile de tango ayudada por su larga experiencia como docente.
Aldo (62 años) nació en Tucumán y se trasladó a Buenos Aires en 1989 cuando ganó un puesto como taquígrafo en la Cámara de senadores de la Nación. Jubilado de este oficio, ahora trabaja en un show de tango en el barrio de San Telmo y viaja regularmente a Denver, en los Estados Unidos, para participar de otros shows del género.
El encuentro
Marcela y Aldo en plena competencia organizada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Marcela tiene un recorrido más corto que el de Aldo en el mundo del tango; alrededor de quince años; pero su experiencia y su práctica de otros ritmos la ayudaron a avanzar rápidamente.
En cuanto a Aldo, él cuenta: “Siempre me gustó mucho el tango, sobre todo ver bailar. No tengo ninguna formación de danza, pero siempre me destacaba en fiestas con amigos cuando me ponía a bailar. Tango no, otros ritmos. Mis ganas se despertaron cuando fui con mi ex esposa y unos amigos españoles a ver un show en San Telmo. 'Quiero hacer esto', pensé. Pero pasaron algunos añitos. Creo que fue en el '98 o '99 cuando, al salir de mi trabajo en el Congreso, tomo Avenida de Mayo y al pasar por la Academia Nacional del Tango veo un cartel: 'Hoy, 20 horas, clases de tango'. Eran las 19.45. Ahí empezó todo".
-¿Cómo se encontraron?
Marcela: En agosto de 2024 participamos en la categoría de Tango salón en el Campeonato Mundial de Tango. No juntos. Cada uno de nosotros bailaba con otra pareja y solo habíamos hablado dos palabras detrás del escenario en ese Mundial.
Pasó el tiempo y una noche se cruzaron por casualidad en la entrada del Salón Marabú. “Cuando me saludó -dice Marcela- pensé, ‘Al menos me reconoce’. Y después me invitó a bailar. Entre tango y tango le pregunté directamente si quería que nos presentáramos juntos en el próximo campeonato”.
Con el 140 en la espalda. Juntoencontraron un estilo propio.
Aldo: Pero yo estaba ya retirándome de este asunto de las competencias; en 2011 había salido campeón con mi ex esposa en el Metropolitano y habíamos llegado tres veces a la instancia final del Mundial. Cuando Marcela me hizo esa propuesta, dudé. Había visto que bailaba bien pero no me entusiasmaba presentarme: es mucha exposición, se pasan muchos nervios; y aparte uno tiene su ego, por muy chiquito que sea.
Marcela: Me dijo que finalmente me perjudicaría; ya había sido campeón metropolitano y difícilmente iban a darle de nuevo el mismo premio.
Pero terminaron por amarse como pareja de baile y comenzaron a participar en competencias del interior del país y luego en agosto en el Campeonato Mundial en Buenos Aires.
Cómo prepararse para un campeonato
-¿Cómo se formaron en el baile de tango?
Marcela: Yo empecé en Gran Bourg con una pareja de maestros. Era un estilo más bien elegante, de pasos largos, no del tipo que se llama ‘milonguero’, de pasos cortitos.
¿Y tu formación, Aldo?
Aldo: Ecléctica. Tuve como maestros a Mingo Pugliese y a su señora y después, durante muchos años, a Gustavo Naveira y Giselle Anne. Pero con lo que aprendí de ellos y de otros profesores fui haciendo mi propio baile, el de mi cuerpo, mi manera de ser, mi edad, mi altura. No podría hacer todo lo que hacen ellos ni todo lo que hacen me quedaría bien.
Marcela: Y de esos bagajes tan distintos encontramos algo propio. Armamos un baile propiamente de los dos, a pesar de que bailamos juntos desde hace muy poco tiempo. Viste que en el baile de tango el hombre conduce a la mujer. Y algo muy lindo de Aldo es su musicalidad. Para decirlo de otra manera: cómo le saca el jugo a la música. Escucha todos los detalles de lo que suena; yo también, que justamente tengo una formación musical, pero es él el que va dando forma al baile.
-Aldo, ¿tus orquestas preferidas?
Aldo: Todas. Pero depende del día, de mi estado de ánimo y de la humedad. Aunque seguro que las que más me gustan son las que más me cuesta bailar: Osvaldo Pugliese y Carlos di Sarli.
¿Cómo se prepararon para el Campeonato?
Marcela: En la categoría Tango Salón, igual que en la milonga, se improvisa. Aparte, bailamos todo lo que podemos, tomamos clases juntos, vamos a milonguear.
Aldo: Una forma de prepararse es conocer mucho lo que suena. La gente que gana es porque, cuando les toca bailar, ya saben cómo se llama el tango, cuántas frases musicales tiene y cuántas variaciones (nota: a los participantes se les anuncia con las grabaciones de qué orquestas van a bailar, pero no los títulos de cada tango). Y eso se aprende a fuerza de ir a la milonga.
Todos los ganadores, con los campeones de la categoría Senior en el medio.
La milonga de ayer y hoy
¿Qué cambios han visto, en los años que llevan cada uno en la milonga? ¿Les parece que hay muchos más extranjeros, o que ciertas costumbres desaparecieron?
Aldo: Podría decir 'Cómo cambió todo, nada es como era antes'. Pero a lo mejor lo que fue cambiando fue mi percepción de lo que ocurría y de lo que ocurre. Fijate, milongas tradicionales sigue habiendo; milongas informales sigue habiendo. Cuando empecé a ir al Club Sunderland (nota; una milonga mítica del barrio de Villa Urquiza) a comienzos de los 2000, estaba lleno de extranjeros. Era como una obligación turística. Pero, a pesar de eso, no perdía el encanto de una milonga de barrio. Hoy está el Marabú, donde cada día hay un ambiente diferente, depende de quién lo organice. O sigue en pie Gricel.
Marcela: Creo que la milonga también se adapta a los cambios que se dan en la sociedad. Está bien que así sea y que haya una diversidad de ofertas. En el arte siempre hay tensión entre la tradición y la renovación.
¿Algunas modalidades que no se perdieron?
Aldo: A las milongas tradicionales no vas a ir de zapatilla y bermuda -como puede ocurrir en las más informales--; y hay códigos de cómo se invita, con un cabeceo, a bailar a la mujer.
Marcela: ¡Pero estaría bien que la mujer pueda invitar a bailar al varón, a esta altura de la historia!”.
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