Los Bee Gees se adelantaron en siete años a lo que desde siempre se vendió como la juntada más grande de estrellas del mundo pop. Y que se adjudicó con bombos y platillos Quincy Jones cuando en 1985 dirigió el famoso We Are The World, con Michael Jackson como mascarón de proa. Pocos se enteraron en aquel 1978 que estaban haciendo historia al participar de un clip que cerraba el filme Sargeant Pepper´s Lonely Hearts Club Band, con los hermanos Gibb y un jovencito Peter Frampton como protagonistas de esa cinta.
¿La culpa? Tal vez un marketing deficiente de la película y una sucesión de acontecimientos desafortunados que desembocaron en uno de los más grandes fracasos cinematográfico en taquillas del que se tengan registros. Pero que con el tiempo se convertiría en obra de culto. Porque el tiempo siempre pone las cosas en su lugar.
Esta es la historia de una catástrofe comercial, de una película absurda y sin sentido y de su banda sonora que vendió, al revés que el filme y pasado el tiempo, millones de copias en el mundo entero. Y, claro, de la reunión de estrellas que le dejó servida en bandeja la idea a Quincy Jones. Y todo gracias a Los Beatles. O más o menos...
La historia de cómo The Bee Gees lograron versionar (muy a su manera, hay que decirlo) al Sargeant Pepper del cuarteto de Liverpool transformándolo en película es una especie de cuento de hadas. Pero de unas hadas medio perversas. Comencemos el relato al revés y vayamos ante todo a lo que nos atañe. La película se titulaba como el famoso disco lanzado en 1967 por Los Beatles, pero poco y nada tenía que ver el argumento con aquella idea original de Paul McCartney cuando le propuso a sus compañeros inventarse unos alter egos y dejar de ser Beatles por un rato.
Sobre el final de este pastiche cinematográfico que firmó Michael Schultz (antes sólo había dirigido unos capítulos de Baretta y de Starsky & Hutch) aparece la escena final, una especie de clip (aunque en esa época aún no se les decía así), donde medio centenar de “amigos del Sargento Pimienta” (sic) hacen un saludo colectivo cantando obviamente el tema que da nombre a la película. Y la cantidad de artistas convocados deja boquiabierto a más de un desprevenido. La lista es larga, vayamos a por ella:
John Mayall (el padre del blues inglés), Tina Turner, el guitarrista de jazz George Benson, el comediante Steve Martin, el dúo Seals & Croft (si, los de Summer Breeze), Aerosmith en pleno y con Steven Tyler a la cabeza, el icónico Alice Cooper (que tiene un papel de villano en la película y canta una versión de Because a lo Frank Zappa), el actor de filmes de terror Donald Pleasence (el psiquiatra en Halloween, de John Carpenter), la banda funk Earth, Wind & Fire, Jack Bruce (el histórico bajista del trío Cream), el blusero Johnny Winter, el actor Keith Carradine (hermano de David “Kung Fu” Carradine), Donovan, José Feliciano, la cantante de soul Etta James, el pianista y cantante Dr John...
Y siguen: Nils Lofgren (guitarrista de Neil Young y luego de Bruce Springsteen), Curtis Mayfield (creador del estilo soul de Chicago), los cantantes Wilson Pickett, Robert Palmer y Bonnie Raitt, el grupo Toto, Hellen Reddy, Johnny Rivers, la banda Sha-Na-Na (¿los recuerdan en Woodstock?), el tecladista de Los Beatles Billy Preston, Al Stewart (¿El año del gato les suena?), Frankie Valli (Grease), sir George Martin (el quinto Beatle y productor de la banda sonora ), las hermanas Wilson de Heart, Alan White (baterista de John Lennon y luego de Yes), y una larga lista de músicos de sesión, productores, actores y actrices. Y cerrando el score por supuesto Peter Frampton y The Bee Gees.
Una imagen de "Sargeant Pepper´s Lonely Hearts Club Band" que, a pesar del fracaso en cines, terminó convirtiéndose en película de culto.
El truco para juntarlos
Pero, ¿cómo se logró semejante reunión de celebridades? Hay incluso un detalle que la hace más valiosa frente a We Are The World. En el documental La gran noche del pop (disponible actualmente en Netflix), se explica que Quincy Jones y Lionel Richie lograron su cometido porque aquella noche, y a pocas cuadras del estudio de grabación donde debían citarse los famosos, estaba ocurriendo la entrega anual de los Premios Grammy. Con lo cual la mayoría de ellos fueron arriados bastante fácilmente luego de la ceremonia de premiación hacia los históricos A&M Studios Recording de Hollywood, California. Limusina y a la bolsa.
En el caso del filme Sargeant Pepper no ocurrió nada de eso. Las estrellas fueron convocadas una por una para hacer ese cierre. Y el ancho de espadas sobre la mesa, el nombre (y el hombre) que logró el milagro fue Robert Stigwood. Empresario y productor discográfico nacido en Australia (donde conoció a los Bee Gees, ya que los Gibb pasaron buena parte de su infancia y adolescencia en ese país), Stigwood ya era famoso antes de todo esto, por ser un excelente productor de musicales (Hair, Evita y Jesucristo Superstar figuran entre sus trabajos) y además manager del trío de rock psicodélico Cream, del cual Eric Clapton era su líder.
De hecho, fue Clapton quien les sugirió a los Gibb que firmaran para el sello discográfico de Stigwood, llamado RSO (Robert Stigwood Organization, su logo era una vaca rosada que provenía de un viejo proverbio japonés). Barry, Robin y Maurice accedieron y eso les generó una posibilidad interesante de popularidad. De regreso en Inglaterra, Los Bee Gees querían a toda costa forjar una carrera sólida en el Reino Unido. Para 1967 Stigwood había fusionado su agencia nada menos que con Brian Epstein y necesitaba armar su grilla de nuevos artistas.
Tipo audaz y muchas veces falto de escrúpulos, pero perspicaz como pocos en la industria, Stigwood contrató a un joven actor casi desconocido ofreciéndole 1 millón de dólares. Todo el mundo le dijo que estaba loco. Pero ese muchacho algo rústico y de aspecto latino era nada menos que John Travolta. Aunque en aquel momento ese nombre no significaba nada, Stigwood ideó para él no una, sino toda una serie de películas que lo llevarían al estrellato.
La primera fue Fiebre de sábado por la noche (1976). Necesitaba algún artista que compusiera la banda de sonido. Los Bee Gees eran casi expertos en el tema, porque ya habían debutado en ese rol con Melody (1971), así que todo encajaba. Ya sabemos lo que sucedió con la película, los bailes de Travolta (iba a repetir luego en Grease y Manteniéndose vivo) y por supuesto con la banda sonora que vendió y sigue vendiendo millones en todo el planeta. O sea: el tipo tenía una visión de águila hambrienta.
"Sargeant Pepper´s Lonely Hearts Club Band" se adelantó al fenómeno "We Are The World" al momento de juntar figuras.
El buscador de minas de oro
Entusiasmado con el éxito Robert Stigwood seguía buscando minas de oro. Y en 1978 creyó encontrar una muy deslumbrante con la adaptación al musical del disco Sargeant Pepper´s Lonely Hearts Club Band, convirtiéndolo en una ópera rock, algo que para él no era nuevo pues ya había producido Tommy, la famosa ópera rock de The Who. La idea entonces era muy poco diálogo, y todo casi enteramente cantado.
Para hacerlo convocó nada menos que a George Martin, el productor musical de Los Beatles. Hoy uno se pregunta cómo fue que Martin accedió a participar de este producto bizarro. Dicen que fue la esposa de Martin quien lo convenció de tomar ese trabajo, merced a un cheque con demasiados ceros.
Pero el guión del proyecto hacía agua por los cuatro costados, era poco menos que espantoso, y la banda de sonido necesariamente iba a estar atada a ello. La cosa iba más o menos así: cuatro jóvenes pueblerinos tienen un grupo y custodian los instrumentos mágicos de la banda del Sargento Pimienta. Pero un malvado Mister Mustard (excelente caracterización del actor británico Frankie Howerd, por lejos lo mejor de la película) los quiere robar para beneficio propio.
En sus 73 minutos de metraje desfila por la pantalla toda una corte de los milagros, que incluye a Steve Martin como un cirujano plástico que rejuvenece ancianos mientras intenta cantar Maxwell´s Silver Hammer (se habían comprado los derechos de varios canciones Beatles, no sólo las del álbum Sargeant Pepper), dos robots femeninas, un director de compañía discográfica codicioso (Donald Pleasence) en el que Stigwood se parodiaba a sí mismo, cuadros de baile descoordinados, efectos especiales de cotillón y la actuación de la actriz y cantante Sandy Farina, quien se convertiría en figura de culto por sus papeles en dos películas atroces. Uno ésta, y la otra, El vengador tóxico (1984).
¿Para quién es la película?
Nunca se supo bien si la película era para niños (diálogos bastante infantiles y la historia cuanto menos básica) o para un público adulto (por las escenas donde todos fumaban enormes porros). Quizás éste fue uno de los tantos talones de Aquiles del musical. Lo que no se podía discutir era la calidad de la banda de sonido. Los Bee Gees y Frampton hicieron un trabajo digno, dirigidos por Martin.
De una forma u otra, hordas de fans de Los Beatles estallaron de ira cuando el estreno. Una de sus primeras consecuencias fue la masiva devolución de copias de la banda sonora de la película a las tiendas de discos (era un doble vinilo). Sin embargo, el tiempo volvió a actuar. Hoy ambos dos, película y música, son alabados como joyas del mundo kitsch, revalorizadas como productos del arte absurdo.
En su momento, el estrepitoso colapso artístico y sobre todo comercial casi lleva a la ruina a sus integrantes. Robert Stigwood perdió millones de dólares y tanto Frampton como los Bee Gees tardaron bastante en reponerse de semejante traspié, que por muy poco no les cuesta su carrera artística. Paul y Ringo asistieron al estreno del filme, pero se fueron sin omitir opinión, mientras que George Harrison, espantado por las impiadosas críticas, dijo que “jamás iría a verla”.
Los Bee Gees y Peter Frampton, en "Sargeant Pepper´s Lonely Hearts Club Band". Paul McCartney y Ringo Starr vieron la película y no quisieron emitir opinión.
Todo lo que podía salir mal salió mal. Stigwood había cerrado un convenio con la gente de Marvel Comics para lanzar el número 7 de la edición Marvel Súper Special, con dibujos del prestigioso George Pérez. La adaptación sufrió innumerables retrasos porque la productora cinematográfica no colaboraba, y el guión de la película cambiaba constantemente mientras se iba filmando, Por eso la revista incluía escenas que jamás se vieron en la película. Y viceversa. Pero después del rotundo fracaso comercial Marvel decidió destruir casi todas las copias y cancelaron su distribución en los Estados Unidos.
Sin embargo, hubo sí una edición internacional distribuida sobre todo en Europa, donde el comic fue traducido al francés y al español. Hoy esas ediciones están consideradas verdaderas rarezas para fanáticos y cuestan fortuna. Sargeant Pepper Lonely Hearts Club Band, la película fallida de los Bee Gees, se inscribe en la actualidad dentro del género de la trash-culture, una corriente artística y de entretenimiento que celebra el mal gusto, lo vulgar y lo transgresor. De todo ello la película tiene de muestras de sobra.
Volviendo al clip final y a esa reunión musical que hoy directamente sería imposible (varios de los artistas ya no están en este plano) e impensada (no hay dinero que pueda pagarlo), lo cierto es que ha quedado en la historia de los grandes eventos olvidados y merece ser rescatada.
El afiche de "Sargeant Pepper´s Lonely Hearts Club Band": bizarra y mal actuada, puede verse completa en YouTube.
En síntesis: bizarra, mal actuada, con un guión delirante, escenografías de cartón, ropajes setentosos y desde todo punto de vista naíf y absurda, la película y su banda sonora son ideales para disfrutar un domingo de lluvia en casa (completa y en una muy buena copia está disponible gratis en Youtube). ¿Y quién les dice?, hasta podría ser en doble programa junto a Kiss contra los fantasmas, que es del mismo año. Y luego no digan que no fueron avisados.
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