En 1991, Drácula cambió para siempre la historia del teatro musical argentino. La obra creada por Pepe Cibrián Campoy, con música de Ángel Mahler, se convirtió en un fenómeno cultural que trascendió generaciones, agotó funciones, recorrió el mundo y encontró su lugar en escenarios impensados para el género, desde teatros tradicionales hasta espacios masivos como el Luna Park y el Movistar Arena.

Treinta y cinco años después de aquel estreno que marcó un antes y un después, el clásico vuelve con Drácula: Resurrección, una nueva historia inspirada en el universo original pero concebida por Pepe Cibrián Campoy como una obra independiente. La trama transcurre tres décadas después de los acontecimientos conocidos y propone un nuevo encuentro entre los personajes, con una mirada más madura sobre el amor, la pérdida y la redención. Se estrenará el 19 de junio, en el Hipódromo de San isidro, en una enorme carpa del Circo Rodas.

La nueva producción también marca un cambio significativo detrás de escena. Por primera vez, una obra vinculada al universo de Drácula no contará con la música de Ángel Mahler, histórico socio artístico de Cibrián y compositor de las canciones que acompañaron el fenómeno desde sus comienzos. En su lugar aparece Pablo Flores Torres, músico con quien el director ya trabajó anteriormente y en quien depositó la responsabilidad de darle una nueva identidad sonora al proyecto.

En diálogo con Clarín, Cibrián habló sobre este regreso, la nueva música, el presente del teatro musical argentino y el legado de una obra que, a más de tres décadas de su estreno, sigue siendo una referencia ineludible del género.

-Después de más de tres décadas, ¿por qué sentiste que era el momento de volver a Drácula?

-Fue una idea de Cecilia Milone. A partir de ahí empecé a escribirlo rápidamente. Quien no haya visto la primera, la puede entender igual. Hay muchas segundas partes que fueron muy buenas, y creo que esta es una de ellas.

Pepe Cibrián se prepara para el estreno de "Drácula: Resurrección" en el Hipódromo de San Isidro. Foto: Emmanuel Fernández.

-Drácula ya pasó por escenarios enormes como el Luna Park o el Movistar Arena, pero esta vez la experiencia es en una carpa montada en el Hipódromo de San Isidro. ¿Qué te sedujo de ese formato?

-Así se dio. En 1991 no soñaba con el Luna Park. Fui a ver a Tito Lectoure porque estaba buscando alguien que produzca Drácula en un teatro, y fue su idea llevarlo ahí. Yo me asuste, pero él creyó en eso y apostó para que fuera un estadio. Ahora se dio porque la gente de la empresa del Circo Rodas me llamó para ofrecerme traer una carpa de México y construir un teatro dentro de esa carpa con 1300 localidades. Y fue lo que se hizo. Es un mundo totalmente distinto y será muy mágico.

-Hay quienes creen que los musicales son espectáculos para salas teatrales convencionales. ¿Qué desafíos tiene trasladar una obra de estas características a un espacio tan poco habitual?

-No lo sé. Parece pedante, pero yo hace 30 años que hago estadios. Entonces me da lo mismo hacerlo en el Luna Park, en el Movistar Arena o en un teatro de 100 localidades. Tengo bastante conocimiento de lo que es el manejo de un escenario, de sus posibilidades y de lo que te da. De acuerdo a eso accionás.

Pepe Cibrián trabajó con el Circo Rodas para construir un teatro dentro de una carpa, con 1300 localidades. Foto: Emmanuel Fernández.

La resurrección de un clásico

-La música de esta nueva Drácula está compuesta por Pablo Flores Torres. ¿Qué buscabas en él para asumir una responsabilidad tan grande?

-Lo conozco desde que arrancó. Ya trabajamos juntos. Es muy talentoso y le tengo absoluta confianza. Se adaptó al libro y estoy muy contento con el resultado. En general, me gusta muchísimo todo lo que han hecho los músicos que trabajaron para mí. Con Ángel (Mahler) me pasó toda la vida, y con Pablo también.

Parte del equipo de "Drácula: Resurrección", en la presentación de la obra, en la Feria del Libro. Foto: Prensa.

-¿Buscaste que esa música fuera fiel a las composiciones de Mahler?

-No, para nada. Porque es otra obra, otra época y otras circunstancias de la vida. Me encantó y me encanta haberlo hecho con Pablo.

-¿Podes adelantar algo del estilo musical que va a tener la obra?

-Es un estilo mucho más moderno, no es un estilo lírico, como otras obras mías. Es una obra más contemporánea, con un tipo de música más accesible. Sin embargo, no deja de tener grandes voces. Pero no es el estilo “operísitco” que tienen las que hicimos con Ángel de Drácula en adelante.

-¿Te vinieron muchos recuerdos de Mahler en este proceso?

-No, ninguno. Son momentos de la vida de cada uno que son importantes y que ahí están, para recordarlos.

Pepe Cibrián hizo un nuevo Drácula tras la muerte de Ángel Mahler, su exsocio y compositor. Foto: Emmanuel Fernández.

-Drácula tiene muchos fans, ¿te presiona la idea de darles lo que quieren?

-Nunca cumplo con lo que quiere nadie. Siempre escribo lo que a mi me gusta y espero que a los demás les guste. Acá, además, compito conmigo mismo. Trabajo para mis gustos, respetando a los fanáticos y los gustos de los demás. Lo que sí nadie podrá decir de esto es que es una obra mala o está mal hecha. No se puede comparar con la anterior porque es otro historia. El único personaje que vuelve es el de Mina. Para Drácula me basé en la novela. Acá me basé en mí.

La falta de apuesta por lo nacional

La carpa del Circo Rodas que se montó en el Hipódromo de San Isidro.

-Estamos en un momento con mucha oferta de teatro musical en la Argentina, y parece que la gente cada vez elige más el género…

-Todo eso es gracias a mí. Drácula generó una pasión popular por el género, y a partir de ahí surgen las escuelas de teatro musical. Lo que lamentablemente no sucede es que los musicales argentinos trasciendan a un nivel más comercial, salvo los míos. Si vas al teatro alternativo ves genialidades, musicales y no musicales. Pero no les dan espacio. Si a mi no me daban una oportunidad, no hubiese pasado lo que pasó con Drácula. La realidad es que llenan el circuito comercial de musicales de afuera.

-¿Creés que si los productores les dieran la chance a los musicales argentinos la gente los elegiría frente a los de afuera?

-Los argentinos somos muy particulares. Siempre vamos a ser un pueblo donde lo de afuera parece fascinante. En Buenos Aires todos piensan en Nueva York. Y en Nueva York piensan en Nueva York. Nos babeamos por lo extranjero incluso cuando no lo merece. Hay cosas muy buenas y muy malas afuera. Pero no por ser de afuera es bueno.

El actor Juan Rodó en la piel de "Drácula", en la primera versión del musical.

-¿Por qué siempre se pone como parámetro a Broadway cuando se habla de musicales?

-No sé. Me parece una idiotez. Un asado no tiene nada que envidiarle a una paella. El teatro argentino es el teatro argentino. Nosotros no tenemos las condiciones de producción que tienen en los Estados Unidos, que no siempre significan que todo sea bueno. Para hacer el musical del Hombre Araña se gastaron 75 millones de dólares y era una mierda espantosa. Si el libro no es bueno, la obra tampoco. Por más decoración que le pongas.

-¿Hoy ves más talento en los intérpretes argentinos que cuando arrancaste?

-Claro, porque ahora hay gente formada. Cuando empecé no tenía cantantes que bailen y actúen. Ahora las escuelas tienen todas las disciplinas. Me parece fantástico. El problema está en dónde van después de estudiar. Ahí está el conflicto.

1300 localidades tiene la carpa que el Circo Rodas montó para el nuevo "Drácula" de Pepe Cibrián.

-¿Crees que el teatro musical dejó de ser de nicho?

-No. Lo que creo es que el teatro musical argentino está más respetado que cuando yo era joven. Porque en esa época también venían de afuera. Mi padre hizo Mi Bella Dama, La Novicia Rebelde, Hello DollySe hacían musicales, pero nacionales no había. Drácula rompió la barrera porque hubo productores que creyeron en mí. Y, a través de mí, en los jóvenes. No me hicieron contratar figuras. No porque esté mal, sino porque quiero trabajar con gente nueva. Hoy son muchos de ellos son figuras, pero cuando los contraté no lo eran.

-Es esa necesidad constante de poner nombres conocidos en cartelera, sólo por el hecho de que son figuras, aunque no estén a la altura del papel…

-Los ponen y no llenan, porque el público no es tonto. Esa gente no está entrenada para el género. Y hay mucha gente disponible para trabajar. En mis obras, aunque suene pedante, yo soy el nombre conocido. La gente viene a ver la obra de Pepe. En Broadway El fantasma de la ópera y muchas otras grandes obras nunca ponen quién lo hace. Si hay una figura, tiene que estar ahí por su talento, no porque es figura. Pero ponen gente que no tiene nada para dar. Para hacer un musical no hay que tener una gran voz. Hay musicales que están escritos para personas que tienen voces chiquitas. Pero son muy afinados, son buenos intérpretes y le dan un color distinto a lo que hacen.