No es una serie del montón, ni mucho menos, una maratoneable. Son sólo seis episodios, pero no de fácil digestión. Y, además, su narrativa y su puesta en pantalla merecen que uno les dedique tiempo para verlos con atención, y -se sugiere- a hacer una pausa entre uno y otro. Es de esas historias que cuentan más que el cuento que se ve: las diferentes capas que propone Half Man (disponible en HBO Max) invitan a no incluirla en el paquete de ficciones que solamente entretienen. Ésta tal vez te deje más perturbado que entretenido.

Y vale la pena ser vista, claro. La historia está creada, escrita, producida y protagonizada por el actor escocés Richard Gadd, el mismo que ideó y protagonizó Bebé Reno, uno de los hits de Netflix.

Ahora, desde otra plataforma, demuestra que lo suyo es construir relatos corridos de lo previsible, y que le fascinan los personajes tomados por las sombras, las oscuridades, las contradicciones y los que llevan las riendas de la incomodidad.

Porque Half Man (traducida en varios países como Hombre a medias), entre otros verbos, incomoda. Y mucho. La serie comienza con una boda a punto de frustrarse: pero no suena aquel latiguillo de "¿alguien tiene algo para decir?", sino que mientras Niall Kennedy (interpretado en su adultez por Jamie Bell) está casi listo para dar el sí, asoma en escena Ruben Pallister, en una enorme composición de Gadd y tomado por un grado de violencia y revancha que mete miedo. Al novio y a muchos de los que estamos de este lado de la pantalla.

Ruber versus Niall: ¿quién será víctima y quién vistimario, al margen de las pariencias?

No hace falta que nadie explique que el pasado los condena y que entre ellos hubo de todo, desde lealtad hasta miedo, pasando por cuidados y maltratos mutuos. De la imagen de esos dos tipos al margen de un clima supuestamente festivo, uno convertido en víctima y otro en feroz victimario, un chasquido imaginario nos lleva sus adolescencias.

Los separan dos años de edad, la clase social y las educaciones. Y los une un vínculo externo que los lleva compartir cuarto, intimidades, mentiras y traiciones. Sus madres deciden vivir juntas y sus hijos no tienen opción de elegir lo contrario: compuestos por Stuart Campbell y Mitchell Robertson en su adolescencia, Ruben y Niall van mostrando en los primeros capítulos quiénes fueron para entender cómo llegaron ahora a esa escena violenta de la boda.

En el medio corrieron 30 años y un vaivén de emociones que nos irán explicando todo, pero nada será muy sencillo de entender. No porque esté mal escrito, sino por el peso demoledor de su crudeza.

Presentados los personajes en su adolescencia, Niall es el clásico chico marcado por las burlas de sus compañeros, que, lejos de quejarse, padece en soledad. Hasta que sorpresivamente regresa a su vida cotidiana Ruben, recién salido de un reformatorio. Y si bien en la casa es un plomo y un castigo tenerlo en la cama de al lado, contar con su presencia en el colegio le da la tranquilidad que había perdido: no lo buscó, pero encontró una suerte de aliado y guardaespaldas que hace temer a los que le hacían bullying a su "medio hermano", como ellos califican (cuando les conviene), el vínculo.

Frente a frente en las sombras de una boda: así arranca la serie que tiene a Niall a punto de dar el sí y a Ruben a punto de querer arruinarle la noche.

Cada episodio irá avanzando en el tejido de esa relación que pasa por todos los estados (le resta la repetición y la insistencia de algunos planteos emocionales), cruje de manera estridente y jamás se rompe. Llegado el final, tras seis episodios que van de los 53 a los 67 minutos, habrá secretos revelados, otros que seguirán encriptados y flotará, seguramente, una sensación de agobio y angustia ante una hermandad inexistente pero verosímil.

Ficha

Calificación: Muy buena

Drama Protagonistas: Richard Gadd, Jamie Bell, Stuart Campbell y Mitchel Robertson Creación y producción: Richard Gadd Emisión: Seis episodios en HBO Max.