-Es la emperatriz de Anastasia, El Musical. -La química con Minerva Casero. -De villana de Soy Luna a shows en cruceros. -Un marido peluquero de famosos y su hijo jazzero.
La mirada de la niña que fue, sigue alimentando su pasión. Se empecina en jugar a que sus sueños ya son ciertos, antes de que se manifiesten. La actriz y cantante Lucila Gandolfo, como si lo hubiera imaginado y agradecido hace mucho tiempo, hoy interpreta a la emperatriz viuda María Fiódorovna, en Anastasia, el musical, que se presenta en el teatro Astral.
Con dirección general de Marcelo Rosa, Lucila comparte el escenario con un gran elenco, encabezado por Minerva Casero, quien interpreta a su nieta perdida, Anastasia, en la obra teatral que tuvo su película animada estrenada en 1997.
Anastasia, el musical es una de las obras de la calle Corrientes con más asistencia de público, y entre tantos detalles de excelencia, sorprende por su despliegue técnico impactante: 17 artistas en escena; más de 150 cambios de vestuario confeccionados en 10 talleres; 30 sastres del Teatro Colón y del Teatro Argentino de La Plata trabajaron en la costura artesanal; más de 50 pelucas hechas a mano por Feliciano San Román... El icónico vagón de tren, capaz de girar 360 grados, pesa 400 kilos; 50 metros cuadrados de pantallas LED Wall con proyecciones originales de Broadway. Es, sin dudas, una experiencia inmersiva que incluye hasta diseño olfativo.
Lucila Gandolfo, en escena junto a Minerva Casero en "Anastasia, el musical". Fotos prensa
La química con Minerva Casero
Lucila Gandolfo destaca que su personaje en el musical, la emperatriz viuda, “se puso una coraza enorme para poder soportar todo lo que tuvo que atravesar, y a la vez por dentro es la abuelita dulce que quiere encontrarse con su nieta”.
Sobre la hija de Alfredo Casero, afirma: “Minerva es un ser de otro planeta. Tiene 27 años y parece contemporánea mía. A veces me da consejos y yo me quedo con la boca abierta. Es maravillosa. Te cuento a colación de esto: papá falleció hace cuatro días (al momento de hacer esta entrevista). Tenía 91 años. Yo llegué de España y estaba internado. Lo cuidé hasta su partida. Tuvo una vida maravillosa, pero en el último tiempo estaba complicado. Entonces, cada vez que yo llegaba a camarines, sabiendo que lo estaba acompañando a mi padre, Minerva no dejaba de preguntarme cómo estaba.”
Y agrega: “Es una jovencita con mucha madurez, sensibilidad y humor, nos llevamos bárbaro. La adoro, estoy feliz de hacer de su abuela. La química que tenemos arriba del escenario también es hermosa, no me pudo haber tocado mejor compañera”.
Lucila dice de Minerva: "Es una jovencita con mucha madurez, sensibilidad y humor, nos llevamos bárbaro".
De Andrea del Boca a Julie Andrews
La actriz y cantante formada en el Boston Conservatory y con un posgrado en la Royal Academy of Music de Londres, brilló en obras como El Fantasma de la Ópera, Master Class junto a Norma Aleandro, Into the Woods y Nine. Y ganó los premios ACE y Hugo por su unipersonal Una película sin Julie.
Y todo eso, según ella, se gestó cuando a los 5 años vio a Andrea del Boca bailando entre los payasos Gaby, Fofó y Miliki en la película Había una vez un circo (1972). Esa niña quería estar ahí, adentro de la pantalla, rodeada de colores y alegría.
Lo mismo le pasó cuando vio La novicia rebelde (1965) y se quedó extasiada al observar a Julie Andrews, bailando y cantando entre las montañas. A los 10 años, cuando la tía abuela le regaló su primer piano, nunca dejó de manifestar sus sueños.
Lucila se formó en el Boston Conservatory.
Calle Corrientes, cruceros y castillos
La entrevista con Clarín se realiza en un bar notable de la esquina de Lavalle y Rodríguez Peña, lugar donde nació el artista Florencio Molina Campos y que habitualmente utiliza como oficina. Cuando ingresa, saluda a los mozos en inglés (idioma que domina porque su familia materna es de origen británico), y todos, con mucha familiaridad, aprovechan a practicar con ella una improvisada “conversation”.
A tan solo una cuadra, sobre la avenida Corrientes, Gandolfo vive con su familia desde hace años. Allí mismo, en esa emblemática avenida porteña, en 1993 se subió a un escenario por primera vez (de manera profesional), con un espectáculo llamado Broadway 2.
Más tarde, entre tantas obras exitosas que realizó, acompañaría a Norma Aleandro en Master Class y, también en el Teatro Maipo, trabajaría junto a Enrique Pinti en Pericón.com.ar, donde se probó como vedette.
Video
Así es Anastasia, la obra que se presenta en el Teatro Astral.
En medio de su estelar carrera como cantante y actriz. Lucila recibió una interesante propuesta: presentarse como cantante en shows en un crucero japonés, con el cual recorrió durante meses desde las islas de Japón, hasta Singapur, terminando en Venecia.
Después volvió a Londres, fue extra en cine y trabajó en el castillo de una argentina que estaba casada con un barón francés, donde atendía a la gente y también cantaba.
La villana de Soy Luna y la masiva popularidad a los 50
La experiencia televisiva de Gandolfo incluyó participaciones como la de Esperanza mía (tira protagonizada por Lali Espósito), hasta la que más repercusión tuvo, su trabajo en Soy Luna (Disney), interpretando a la villana Sharon Benson.
La abuela (Gandolfo) y su nieta Anastasia (Julieta López Gonzalez Alemán), cuando era niña.
Afirma: “Me había ido a filmar a Alemania una película que se llamó Colonia (2015), con Emma Watson. El director alemán (Florian Gallenberger) había venido a la Argentina a buscar actrices que hablaran inglés. Yo pensé que las escenas las haría acá, pero finalmente mi rol se filmaba en Luxemburgo y Munich. Fueron tres días de rodaje, nada más. Cuando volví a Buenos Aires, sentada tocando el piano con mis alumnos, sentí ganas de volver a estar en esa situación, frente a una cámara”.
-¿Cómo surge la oportunidad de hacer “Soy Luna”, en la que volvés en la cuarta temporada que ya estrenó?
-Pablo Echarri se viene a cortar el pelo con mi marido (Alejandro Granados, peluquero de muchos famosos), y un día le conté de esas ganas de estar frente a una cámara. Me dijo que preparara un reel para que lo pudiera presentar. Se lo armé, y además lo mandé a otros lugares. Al día siguiente de enviarlo a Disney, me convocaron para un casting. Buscaban a alguien para un rol, me presenté a la audición. Y quedé para el personaje de Sharon Benson.
Por su rol en "Soy Luna" "íbamos a filmar a Cancún y los niños se me tiraban encima. Y no solamente los chiquitos...".
-Una experiencia que marcó tu carrera…
-Cuando entré el primer día al set, todos los técnicos se quedaron como paralizados cuando apareció “la mala”. Les dije: “Chicos, soy yo”. Era por el vestuario, el maquillaje, el peinado. ¡Ya me tenían miedo! (Risas).
-¿Te gustó hacer de villana?
-Era la primera vez, había trabajado con personajes de mujeres con mucho carácter, pero no de villana.
-Ese rol te dio muchísima popularidad...
-Sí, es como que te convertís en Madonna en dos minutos. Íbamos a filmar a Cancún y los niños se me tiraban encima. Y no solamente los chiquitos, sino también muchos adultos. Jamás me había pasado algo así. A los 50, que te suceda eso, es rarísimo.
Lucila en la puerta del camarín que comparte con Minerva Casero en el teatro Astral.
Reverencia eterna a Norma Aleandro y Enrique Pinti
Hay dos actores a los que Lucila Gandolfo les está eternamente agradecida. Ellos fueron mentores y grandes pilares en su carrera…
-¿Qué significan para vos Norma Aleandro y Enrique Pinti?
-(Se emociona, se le caen las lágrimas) Perdón, para mí son maestros con mayúsculas. Norma es un ser tan generoso. En Master Class (obra inspirada en la cantante María Callas) éramos alumnos de canto que nos encontrábamos con la Callas arriba del escenario. Siempre que terminaba una función, Norma bajaba a mi camarín, cerraba la puerta y me felicitaba, me alentaba por lo que había hecho...
-¿Y Pinti?
Lucila Gandolfo considera a Norma Aleandro y a Enrique Pinti "maestros con mayúsculas".
-Más allá de haber sido un capocómico con ingenio, era un erudito, formado, ¡lo que sabía ese señor! También era humilde y generoso. Tuve la suerte de que, cuando terminé el primer año con él, en la obra Pericón.com.ar, nos encontramos en Londres, donde salimos a almorzar y paseamos por las calles. Con él, era matarse de risa constantemente. Y Lino Patalano también fue un padrino para mí. Me dio todo y realmente era el padrino, porque a veces era Papá Noel y otras, era bastante bravo (risas).
Un esposo renacentista y un hijo emprendedor
Cuando se refiere a su familia, describe a Alejandro Granados, su pareja desde hace 19 años, como un “hombre renacentista”, porque además de ser un conocido peluquero de artistas, hacía las pelucas de la obra en la que la actriz y cantante trabajaba con Pinti.
Lucila gandolfo
Dice Lucila: “A él siempre le gustó producir, dirigir, actuar. Fue asistente de Elena Tritek, escribió una obra, la dirigió y la produjo y, desde hace años, es también mi productor. Sabe hacer de todo: ahora estamos también en la onda de comprar departamentos hechos pelota, arreglarlos y volver a venderlos”.
Sobre su único hijo, Francisco, de 17 años, afirma: “Todavía posee esa cosa de niño que no tiene nada que perder y se la juega. Un día dijo: ‘Voy a bailar un poco de tap’, y hace tres meses que toma clases. Es un pequeño emprendedor. También dijo que iba a hacer un show de jazz, se puso a escuchar a todos los cantantes que se te puedan ocurrir, y con un pianista neoyorquino que había llegado y me había contactado a mí, terminaron haciendo cinco shows”.
El sueño de filmar con Emma Thompson
Mientras tanto, Lucila Gandolfo sigue imaginando y manifestando. Sueña con protagonizar una película junto a Emma Thompson o con Colin Firth.
-Ya estarás jugando a hacerlo, como cuando querías bailar junto a Gabi, Fofó y Miliki, o con Julie Andrews…
-Tengo la esperanza de que ese deseo se puede cumplir. Es cierto, a veces me pongo a pensar y digo: “Wow, ¡cuántos sueños de esa niña se han hecho realidad! ¿Qué más puedo pedir?” Pero esa manera de pensar me frena y reflexiono: “Tengo que seguir haciendo cosas porque todavía pretendo vivir 30 años más! (Lucila tiene 60).
-¿A tus alumnos más jóvenes los iniciás en ese arte de manifestar que tanto te ayudó a vos?
-Sí, sí... Cuando a veces están nerviosos o pierden el foco, o están con que algo no les sale, sienten que no pueden y ven todo negativo, les digo: “Recuperemos ese juego, esa cosa lúdica de cuando éramos niños, cuando uno se disfrazaba y ya lo eras”. No había dudas, uno tenía la ilusión, imaginaba y se veía haciendo lo que quería. Si pudiéramos recuperar eso, muchas de las cosas con las que soñamos se harían realidad.
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