La Warner Bros. amenazó con demandar a los Hermanos Marx. No se llegó a juicio porque los empresarios sintieron vergüenza al chocarse con el sarcasmo de Groucho y decidieron revisar su postura. La recopilación de hechos alrededor de esta historia lleva a que ajustemos ciertos detalles de interpretación.

En 1946, el 10 de agosto, los Hermanos Marx iban a estrenar Una noche en Casablanca, comedia protagonizada por Groucho, Chico y Harpo Marx, ambientada en un hotel de Marruecos después de la Segunda Guerra Mundial. Ya durante el rodaje se había generado una severa inquietud que terminó en famosa disputa: los grandes estudios gobernados por otros hermanos, los hermanos Warner, estaban preocupados y temían “riesgo de parodia” alrededor de un hit de su propiedad.

Groucho, Harpo y Chico Marx en "Una noche en Casablanca". Fotos Archivo Clarín

Tres años antes, la Warner había estrenado Casablanca, que en los Oscar de 1943 (entregados el 2 de marzo de 1944) se había llevado tres premios al mejor guion adaptado, al mejor director y a la mejor película, y que había sido nominada para otros cinco premios que finalmente no ganó.

Preso en mi ciudad

Hay gente que cree que la historia del cine empezó con Casablanca. Hablamos del célebre drama romántico que todos conocemos, dirigido por Michael Curtiz y filmado en la ciudad marroquí de Casablanca. Basada en la obra teatral Everybody Comes to Rick’s (Todos vienen al café de Rick), la película estuvo protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman.

El filme aprovechó el éxito tres años antes de "Casablanca". Y Warner quiso impedirlo.

El reconocimiento del público no se discute y todavía hoy seguimos hablando de esa película como si fuera un elixir del cine. Una vez le preguntaron sobre Casablanca a Umberto Eco y éste, por citar solo un ejemplo de resistencia, dijo que no le había gustado para nada y que desde un punto de vista estrictamente crítico, "Casablanca era una película muy mediocre.

Cuestión que, enterados de que Groucho y los suyos estaban trabajando en una película que iba a llevar en su título la palabra Casablanca, los Warner mandaron una carta expresa -con estampilla de borde dentado- a la productora de la comedia en curso. Era una intimación a que buscaran otra ciudad para el título, pero que de "ninguna manera" podían incluir la palabra “Casablanca”, dando a entender que la mayor ciudad de Marruecos era propiedad intelectual de la Warner.

Marxismo ilustrado

En verdad, los Marx tenían en mente una parodia del filme que pocos años antes había logrado una magnífica repercusión. Una noche en Casablanca no se trataría de una simple casualidad africana, pero la amenaza de acciones legales insubordinó el humor de Groucho, que no tardó en agarrar papel y lápiz y, desde la cama matrimonial donde hacía todo, arremetió con su artillería mordaz.

La película se hizo porque Chico (el hermano de arriba en la foto), ludópata, necesitaba dinero.

Hoy la carta se puede leer enterita en un epistolario desopilante llamado Cartas de Groucho (The Groucho Letters), libro editado por primera vez en 1967. Cuando el departamento jurídico de la Warner Bros. les dijo a los Marx que no podían ponerle de título Una noche en Casablanca, Groucho se despachó diciendo que entonces ellos, los Warner, tampoco podían usar el “Bros.” porque los Marx eran “hermanos” desde antes.

“Ustedes afirman ser dueños de Casablanca y que nadie más puede usar ese nombre sin permiso. ¿Qué hay de "Warner Brothers"? ¿También les pertenece eso? Probablemente tengan derecho a usar el nombre Warner, pero ¿qué pasa con el nombre Brothers? Profesionalmente, nosotros ya éramos hermanos mucho antes de que ustedes lo fueran”.

“Yo no tenía ni idea de que la ciudad de Casablanca pertenecía exclusivamente a Warner Brothers”, siguió diciendo Groucho, autor de frases como "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros".

La película marcó, en 1946, el regreso de los Hermanos Marx al cine tras cinco años.

Una de nazis

En esas líneas dejaba en claro que apenas unos días después de que se publicara un aviso de la comedia que iban a protagonizar, habían recibido "una extensa intimación" amenazándolos con acciones legales si llegaban a utilizar el nombre de Casablanca. “Parece ser que en 1471, Ferdinand Balboa Warner -su tatarabuelo-, mientras buscaba un atajo hacia la ciudad de Burbank, dio por casualidad con las costas de Africa y, alzando su bastón de alpinista (que más tarde canjeó por 100 acciones ordinarias), la bautizó como Casablanca”.

Y continuó: “Simplemente no comprendo su actitud. Incluso si planean estrenar su película, estoy seguro de que el aficionado al cine promedio podría aprender a distinguir entre Ingrid Bergman y Harpo”.

Groucho entendió que los Warner estaban interesados en saber algo acerca de la trama y el intercambio no quedó ahí. “En la película interpreto a un doctor en teología que ofrece asistencia espiritual a los nativos y que, como actividad secundaria, vende abrelatas a los salvajes de la Costa de Oro africana. Al comenzar la película, Porridge, una nativa de rostro pálido, aparece afilando unas”.

Una noche en Casablanca se estrenó en 1946. Es la película que marca el regreso de los hermanos Marx después de cinco años. Se hizo porque Chico, que era ludópata, necesitaba plata. Duodécimo filme de la familia y último en el que Groucho lucirá su bigotón pintado, en lugar de imitar la trama romántica del clásico de 1942, la comedia finalmente se centró en la caza de unos nazis prófugos que intentaban recuperar un tesoro escondido en el hotel que regentaba Groucho.

POS