La serie puede despertar lo mismo que despierta ella: admiración o cuestionamiento. Habrá quienes quieran verla y quiénes no, quienes la maratoneen y quienes la suelten en el primer episodio, quienes la critiquen y quienes la elogien, pero seguramente nadie ignorará la presencia de Moria en el streaming.

Moria en letras negritas es el título de la biopic que este viernes estrenará Netflix, dos días antes de que la protagonista cumpla 80 años. A modo de celebración, la plataforma decidió contar su vida en un hilván de escenas que muestran a la Casán al desnudo. Está lo literal de la desnudez, pero eso es sólo una gota en medio de un mar agitado que baña su historia. Hay un alma que se desnuda frente a cámaras y que en ningún momento de la serie queda protegida por agua bendita.

Si bien ella oficia de productora general, dio su visto bueno a los textos y a los abordajes y participa como narradora -y además aparece cada tanto entre las otras Morias-, no es “la serie de Moria”. Es “la serie sobre Moria”, en la que se ve la ve brillar, pero también se la ve sufrir, se la ve desbordarse, descuidarse, excederse, se la ve como pocas veces se muestra a una figura en una biografía autorizada. Se la ve criatura compleja.

Se la ve bajar las escaleras mágicas del teatro de revista y se la ve entrar a una cárcel de Paraguay. Se la ve golpeada por un hombre y libre por convicción. Se la ve querer y soltar. Se la ve madraza y se la ve madre como puede.

Griselda Siciliani interpeta a Moria en los episodios 4, 5 y 6 (y aparece ugazmente sobre el final del tercero). Foto Netflix.

Se la ve enorme y pequeña. La decisión artística de jugar con las diferentes escalas es perfecta: la Moria real asoma como una gigantografía que camina sobre una ciudad diminuta, y oficia de titiritera de maquetas que no le llegan ni a los talones. Nada está librado al azar en esta mega producción creada y dirigida por Javier Van de Couter, y con Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth reavivando las llamas de sus distintas etapas.

Quienes conocemos a Moria desde hace mucho probablemente encontremos en la biopic un disparador de recuerdos de viejas décadas, como un viaje a las marquesinas de los ‘60 y ‘70, a los looks de aquellos años, a los personajes populares de entonces, a un entonces en el que las mujeres sobre un escenario eran las sombras de los capocómicos, a un entonces en el que a las minorías les costaba hacerse oír, a un entonces sepia que también tuvo su encanto romántico.

Quienes conocen a Moria desde hace unos años tal vez entiendan, con este material (por momentos adictivo), qué cosas se acurrucan en ese figurón de lengua karateca. Descubrir su cambio de paso (y de ritmo) de las escaleras de la Facultad de Derecho a las del Teatro El Nacional pueda significar, para las generaciones más recientes, una redimensión de su impronta.

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Tráiler oficial de "Moria"

La bautizada popularmente como “La One” es más que la dueña de un fraseario icónico -casi todas su máximas se colaron a lo largo de esta miniserie, desde “el decorado se calla” a “no se cuelguen de mis tetas”-, es la mujer que supo reinventarse, soportar el abuso, el maltrato y quiso, antes que supo, animarse. Animarse a todo: a ser vedette, a ser actriz, a ser la madre que al principio no deseaba ser, a ser conductora, a ser referente de un amplio abanico de comunidades.

"El Obelisco con tetas", así se define Moria y así se titula el primero de los ocho episodios.

La otra noche, en la primera edición de los Premios Pinti al teatro comercial, no estuvo nominada por su trabajo en la obra Cuestión de género, pero sí recibió una estatuilla especial por su trayectoria: y en ese momento el Teatro Colón quedó embebido por una atmósfera futbolera pocas veces vista, al grito de “olé, olé, olé, olá, Moriá, Moriá”. Eso no se lo gana cualquiera.

Y, en tiempos en los que las biografías audiovisuales picaron en punta en la era del streaming, la Casán, claro, era candidata a tener la suya.

No es una producción más, porque se decidió recurrir a tres actrices -más la protagonista de este cuento- para pincelar una sola vida. Y no precisamente en tonos pasteles. Hay fiesta, hay llanto, hay descontrol, hay peleas, hay reconciliaciones, hay cárcel, hay violencia, hay excesos, hay una clara intención de contestar en singular su muletilla del plural: ‘¿quiénes son?’.

Y para responder ese quién es, Van de Couter le corrió el telón a su vida, sin esconder lo importante abajo de la alfombra.

Cecilia Roth compone a Moria en los últimos dos episodios de esta miniserie. Foto Netlix.

Más allá de la tentación que ofrece este género de buscar parecidos físicos en personajes conocidos, la mayoría de los trabajos de composición es muy buena. Con la mirada puesta en el entorno, se lucen especialmente el Carlos Sexton (empresario y gran amor de ella) de Rafael Ferro, la Susana Giménez de Leticia Brédice, el Carlos A. Petit (el hombre que la descubrió, un emblema de la escena nacional como empresario y director) de Luis Machín y el Mario Castiglione (su pareja y padre de Sofía Gala) de Marco Antonio Caponi.

Marco Antonio Caponi interpreta a Mario Castiglione, uno de los grandes amores de Moria y padre de Sofía.

Y las tres Moria están a altura del reto, con Sofía Gala haciéndola casi de memoria, magistralmente: su hija le conoce todos los movimientos, los gestos, los silencios, lo postural, lo emocional, todo. Ella la encarna -toda una paradoja- en los tres primeros episodios, en los que se presenta con su nombre real de Ana María Casanova y también con su marca registrada.

Sofía Gala interpreta a su madre. Entre otras cosas, el personaje, mucho antes de quedar embarazada, dice: "Para mí tener un hijo es lo más antinatural del planeta".

Sobre el final del tercer capítulo y por tres más le toca salir a escena a Griselda Siciliani, el fiel reflejo de quien la observó con lupa para poder ser, si hubiera querido, una suerte de doble, tanto desde lo gestual como desde lo corporal. Y en los dos últimos llega la Moria de Cecilia Roth, sin tanto parecido desde lo físico, pero si echando mano a su talento para representar un carácter, un temperamento, un quién es.

Aquí no tendría sentido utilizar la palabra spoilear, porque ella siempre habló de su vida más que los periodistas. Pero sería una pena ventilar detalles de una serie que tiene un estilo narrativo particular y un cierre que alegra y conmueve. El título del episodio final es implacable: “Sabrán de mí todo el tiempo”. Y si uno llegó hasta ahí resulta imposible no darle la razón.

Ficha

Calificación: Muy buena

Biopic Protagonistas: Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani, Cecilia Roth y Moria Casán Creador y director: Javier Van de Couter Emisión: Ocho episodios, disponibles en Netflix desde el viernes 14 de agosto.