Viaje a la Luna de George Mélies es la película de la conocida imagen del cohete incrustado en el ojo del satélite. Para la posterioridad, la cara de la Luna.

Podría decirse que la historia del cine empieza a tallar fuerte en 1893 con los apellidos Edison, Lumière y Melies. Melies es tomando en cuenta como el creador de la fantasía cinematográfica. Se lo considera un sólido antecesor del Walt Disney.

Una investigación hecha por el célebre periodista uruguayo Homero Alsina Thevenet, revela que luego de una década de apogeo, de un cine juguetón, de feria de atracciones, ligado al vodevil, el bueno de Mélies no hizo más que fracasar en continuado. A la fuerza, eso lo llevó a tener que alejarse del cine.

Antes de morir, en 1938, solo y en la miseria, crónicas periodísticas cuentan haberlo reconocido atendiendo un puestito en una estación de tren parisina.

Cine en pañales

Viaje a la luna es de 1902. En blanco y negro, muda y pegada a la ciencia ficción. Mélies hizo casi todo: guion, director, actor. La película está inspirada en fuentes que van de de Julio Verne a H. G. Wells y formó parte de un cine que todavía era un género muy menor.

Su filme más famoso lo tuvo que protagonizar el propio Mélies, quien -además de la caminata lunar- actuó en 300 de sus 520 películas. Según el propio director, él se veía forzado a ponerse delante de cámara porque era el único que podía comprender la dificultad de sus argumentos. Su cine no intentaba dar cuenta de un lugar específico, determinado, sino de un lugar de la mente.

La película tuvo un costo de 10.000 francos. Para la época era como una súper producción de Christopher Nolan. ¿Saben cuánto dura La Odisea de Mélies? Catorce minutos. Lujos desconocidos, efectos especiales y un énfasis balcánico en la narración. Todo a cargo de quien fue la ineludible inspiración de Disney. Mélies supo modificar el negocio del cine fabricando sensaciones que progresarían con la animación y avanzarían hacia el cuento de hadas.

Pionero: el cineasta Georges Méliès. Archivo

Entradas agotadas

Viaje a la Luna es el primer éxito mundial de taquilla. Técnicos que trabajaban para Thomas Alva Edison, el descubridor de la energía eléctrica, lograron piratear las copias del filme y las distribuyeron aquí, allá por todas partes. Desde entonces, los actores de teatro empezaron a comprenderlo: el cine se transformaba en una nueva fuente de ingresos. Gracias a Mélies, el estilo cercano al documental de los hermanos Lumiére cobraba un sentido más experimental que pronto se conocería como ficción.

"Cuando el cine se puso al servicio del arte teatral, el éxito se transformó en triunfo", dijo Mélies. “Todo lo que la imaginación pueda proporcionarle como tema le sirve, y él se apodera de ello”. Hace más de un siglo declaraba: “No dudo en afirmar que, en cinematografía, hoy es posible realizar las cosas más imposibles e inverosímiles.”

"Viaje a la Luna", de George Méliès, referente histórico de la ciencia ficción.

Se dice que descubrió de manera accidental trucos que le permitieron cortar planos y hacer “desaparecer” personas, objetos, inventar elipsis temporales y establecer varios tipos de fundidos. Además, muchos de sus filmes estaban pintados a mano por él mismo.

En Viaje a la Luna hay no actores que se mueven dentro del escenario con la cámara inmóvil. Los personajes también desfilan de un lugar a otro y se unen por cortes bruscos. Como la película carece de títulos explicativos, la productora, Star Film, imprimió folletos que cuentan lo que sucedía en las escenas.

Un tipo encantador

Walt Disney expresó públicamente su gratitud a Mélies diciendo con cariño: “George descubrió la manera de poner la poesía al alcance del hombre de a pie”. Un vasto anecdotario sobre su personalidad indica que el primer director exitoso era un tipo divino. Se lo ha caracterizado como "un mago que llevó su alegría de vivir al arte". Tenía una inocencia a flor de piel que traducía en capacidad de asombro. Y de asombrar.

"Viaje a la Luna": grupo de coristas disfrazadas de marineras cerrando la puerta de la nave antes de la partida. Archivo Clarin

Empezó a perder mercado ante la irrupción de la gran industria. Su estudio quebró y en un ataque de frustración armó una fogata y quemó buena parte de sus propios negativos. La vejez encontró a Mélies arruinado y solo, trabajando siete días a la semana en un puesto de chucherías de la estación ferroviaria de Montparnasse. Esta historia se recrea con ternura en la película Hugo, de Martin Scorsese (2011)

Hacia 1937, ya enfermo, Mélies es internado en el hospital Léopold Bellan de París. En el bolsillo de su saco llevaba uno de sus últimos dibujos: una botella de champán con el corcho destapado y la espuma derramándose. Les dijo los médicos: “Rían, amigos míos. Rían por mí”.

Sus restos descansan en el cementerio de Père Lachaise. A metros de la tumba de Jim Morrison.