Desde que se anunció que Cecilia Roth sería una de las encargadas de interpretar a Moria Casán en su serie biográfica para Netflix, la elección despertó una curiosidad particular. No por dudas sobre su capacidad, sino porque, a primera vista, ambas parecen provenir de universos casi opuestos. Y quizás ahí esté buena parte del atractivo de verla en este rol.

Cecilia Roth no intenta borrar esa distancia ni transformarse en una copia. Por el contrario, la encarna desde un lugar inesperado: se concentra en lo que sucede antes de la respuesta rápida, del gesto reconocible y de esa seguridad que la “One” convirtió en marca registrada.

El resultado fluye con una naturalidad que, en principio, no parecía evidente. A medida que avanza su tramo en la historia, Roth encuentra una forma propia de habitar a Casán, sin apoyarse en una imitación evidente.

“Moria es un ícono. Es una persona muy amada, muy conocida y tiene particularidades en su gestualidad muy claras. Y yo no fui por ahí”, contó a Clarín.

Su búsqueda estuvo justamente en aquello que ocurre antes de que aparezca la figura que todos reconocen: “Fui por encontrar dentro de Moria ese instante previo a su gestualidad, que es el acomodamiento de las cosas en su cabeza. Es un instante, porque es rapidísima”.

Más allá de la “lengua karateka”

Cecilia Roth cuenta que quiso encontrar en Moria ese instante previo a su gestualidad, el acomodamiento de las cosas en su cabeza. Foto: Netflix

En el período que encarna Cecilia Roth, aquella versión explosiva empieza a correrse del centro. “Mi personaje, la parte que yo tengo, no está tan casanesca. Está más en su interior, reconociéndose en un momento de su vida”, explica.

Se refiere a un lado diferente de la imagen más asociada a los medios: la mujer que responde antes que nadie, confronta y convierte cada frase en espectáculo.

“La lengua karateka y la pelea, la sensación de que la están todo el tiempo nombrando y usando, esa pelea va desapareciendo enseguida en mi personaje. Y Moria empieza a preguntarse qué pasa con su vida, con la de su hija, con la propia”, dice.

Cuando se le propone la palabra “introspectiva”, la actriz la matiza: “No sé si introspectiva es la palabra. Está más detenida en ella”.

Ese fue, precisamente, uno de los puntos que más le interesó explorar: “Encontrarle esa fragilidad previa a la seguridad, esa vulnerabilidad, eso que no vemos”.

Cecilia Roth cuenta que intentó encontrar la fragilidad de Moria, previa a su seguridad. Foto: Marcelo Carroll

Las tres Morias y una conexión inesperada

La producción recorre la vida de Casán a través de tres intérpretes: Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth.

Sofía Gala encarna los primeros años; Siciliani, la fase más espectacularizada por la televisión, y Roth, un período menos ligado a esa imagen pública tan reconocible.

Cada una trabajó por separado. “Cada una hizo su propia interpretación”, contó Cecilia. Sin embargo, al ver la serie completa detectó un hilo común.

“Viendo la serie en su totalidad ves la mano del director, que hay un hilo que nos une a las tres de una manera muy particular, de una manera casanesca”.

Incluso descubrió un gesto compartido que ninguna había acordado: “Las tres tenemos algo con tocarnos el corazón. Y eso no fue hablado”.

Y lo resumió con una definición todavía más precisa: “Las tres somos la otra, somos el pasado de la otra”.

Por qué Cecilia Roth prefirió mantenerse lejos de Moria

Aunque ya la conocía, Roth decidió no buscarla durante el proceso. “No quise llamarla ni verla porque la construcción, el trabajo que yo estaba haciendo, iba por otro lado”.

Moria tampoco estuvo presente durante sus jornadas de rodaje. Esa distancia le permitió sostener el camino que había elegido.

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Cecilia Roth con Clarín.

Durante el proyecto también conoció episodios y dimensiones de Casán que ignoraba. “Muchas cosas. Muchísimas cosas. Y que la gente tampoco conoce”, contó.

Pero uno de los datos más reveladores sobre el espíritu de la producción aparece en la actitud de la propia protagonista frente al material.

Según recuerda, cuando leía los capítulos llamaba al director, Javier van de Couter, con un pedido concreto: “Más a fondo. Más a fondo. Andá más a fondo. No te quedes. No me importa si vas más a fondo, todo lo contrario”.

La frase permite entender buena parte del tono general. Moria no parece interesada en construir una versión prolija o cuidadosamente protegida de sí misma. Habilita que el relato entre también en sus contradicciones, vínculos y zonas más complejas. Para Cecilia, esa disposición tiene una palabra precisa: generosidad.

Es muy generosa al mostrarse tan vulnerable también por momentos y tan clara en su relación con Sofía, con la gente que la rodea, en cómo se vincula, en la dificultad a veces, en el enorme cariño y en la fidelidad”.

Una biografía convertida en show

Cecilia Roth define a Moria Casán como "una persona muy generosa". Foto: Netflix

La propuesta de la serie evita la solemnidad habitual de muchas biografías audiovisuales. No ordena la vida de la diva como una sucesión de fechas y acontecimientos ni busca convertirse en un documental convencional.

El recorrido se parece bastante más a entrar en el universo Moria.

Están sus rivalidades, sus amores, su familia, las heridas que ella misma se resiste a llamar traumas y las decisiones que fueron moldeando tanto a la figura pública como a la mujer. Todo aparece atravesado por una lógica profundamente moriesca: incluso cuando el relato se vuelve doloroso, nunca deja de ser espectáculo.

Ahí está una de sus mayores virtudes. Casán fue protagonista y, al mismo tiempo, narradora permanente de su propia vida pública. Cuando intentaron imponerle límites o definir qué imagen debía ocupar, muchas veces fue ella quien decidió primero hasta dónde llegar.

Contestó, provocó, exageró, se reinventó y aprendió a adaptarse a cada nueva etapa del espectáculo argentino sin quedar detenida en ninguna.

También se deja ver una faceta menos estridente: la mujer que construyó un círculo íntimo y protegido en un ambiente en el que la confianza suele ser un bien escaso.

Hay apariciones y sorpresas que conviene descubrir durante el recorrido. Y queda una sensación particular al terminar algunos episodios: cada período podría durar bastante más. No porque falte información, sino porque pocas figuras atravesaron tantos cambios en la televisión, el teatro y la cultura popular argentina sin perder vigencia.

Todas las Morias: Sofía Gala Castiglione, la verdadera Moria Casán, Griselda Siciliani y Cecilia Roth.

Lo que Cecilia aprendió de Moria

Cuando Cecilia Roth habla de aquello que se llevó personalmente de la experiencia, no elige la provocación, la rapidez para responder ni la capacidad de convertirse en noticia. Elige el amor propio.

“Moria tiene una cosa hermosísima. Tiene un enorme amor por sí misma, que no tiene nada que ver con el narcisismo ni con la egolatría. Tiene un enorme amor, se cuida y se quiere”.

Y agrega: “Creo que aprendí mucho de eso. Yo no sé si me quería y me cuidaba de la manera en que Moria lo hace. Y se ahorra muchos momentos jodidos con eso”.

Cecilia Roth dice que admira el amor propio de Moria.

Ahí aparece una de las claves más interesantes para mirar su historia. Detrás de la diva que durante décadas pareció preparada para responder cualquier cosa, hay una mujer que desarrolló una extraordinaria capacidad para ponerse a sí misma en el centro de su propia vida.

No es fácil encontrar en el espectáculo argentino una figura femenina comparable. La “One” no sólo atravesó distintas épocas: aprendió a apropiarse de ellas y a incorporar los cambios, incluso los golpes, a su propia narrativa.

Cecilia encontró en esa experiencia una enseñanza mucho más sencilla que cualquier imitación: cuidarse, quererse y no vivir permanentemente pendiente de la mirada ajena.

Y también se llevó una frase: “Hay que entrar en el agujero para salir del agujero”.

Después de atravesar la historia de Moria en la serie, la idea adquiere otro peso. Porque si algo deja ese recorrido es que Casán nunca convirtió las caídas en un punto final: las absorbió, las contó y siguió adelante.

En su mundo, hasta salir del agujero puede convertirse en parte del show.