Haydeé es una mujer de 92 años que vive sola, tiene buena salud, es independiente y siempre cuenta con alguna actividad para hacer, sino se la inventa. Va a un club de jubiladas en Mataderos, barrio donde vive, y es una suerte de faro entre sus compañeras que la ponderan. Se mueve con un bastón que parece no necesitar y transmite energía, fortaleza y paz. Todo junto. Sus ojos expresivos hablan por sí solos y su mirada expresa melancolía.

"Vengo pensando hace varios días... ¿Por qué querés hablar conmigo? No entiendo por qué una señora como yo, de más de noventa, puede ser interesante para una nota", se pregunta algo desconcertada. El 24 de abril último, Haydeé Pellerucci se tomó dos colectivos para ir a la receptoría de Clarín, en Villa Luro, donde publicó un aviso fúnebre, el sábado 25, recordando a su nieto Tincho, fallecido en 2005.

"Cada una de estas cartas que te hago van al cielo y te las hago esperanzada en poder llevártelas yo y poder darte ese abrazo que tengo guardado hace 21 años, que es grande como ese cielo que te alberga", arranca el obituario. "Angustia, dolor, lágrimas y mucha bronca por no intuir que algo pasaba por esa cabecita... No demostrabas algo raro, porque con uñas y dientes te hubiera arrancado de la muerte".

Por el tipo de mensaje y por su tenor, el aviso fúnebre se multiplicó de vistas en las redes sociales y Abu Haydeé, como firmó al pie, empezó a ser reconocida por los internautas, que le mandaban fuerzas y buenas ondas. Se le cuenta todo esto y se le muestra la repercusión... La explicación la sorprende pero no parece convencer a esta señora elegante, erguida, de voz clara y pausada. Sin embargo aceptó la visita de Clarín a su casa en Mataderos, aunque a última hora mudó la cita a un café de la esquina, sobre avenida Juan Bautista Alberdi, adonde llegó junto a su amiga Marta Tomassino.

Mientras llegan los cortados, Haydeé rompe el hielo contando que vive en Mataderos desde 1949 y hasta desafía, a modo de broma, ser la vecina que más sabe del barrio. Estuvo casada 51 años, enviudó en 2013, tiene dos hijos, y dos nietos, uno en el cielo. Tincho tenía 14 años cuando una tarde de abril de 2005 se quitó la vida. "Fue algo inesperado, por eso escribí eso de que no intuía nada de lo que pasaba por su cabecita... Yo estaba muy conectada con él, nos veíamos mucho, era muy amoroso, sensible, tan bueno y tan querible, que pasan los años y lo extraño cada vez más", dice y mira la foto con pesar.

Desde hace 21 años, Haydée (92) publica dos veces por año avisos fúnebres dedicados a su nieto. Foto: Maxi Failla

Al pasar Haydeé desliza que vive en la casa donde Tincho decidió poner punto final a su vida. "Su papá tiene un local de caza y pesca y mi nieto tenía mucho conocimiento de cómo funcionaban las armas. No sé de dónde la sacó (el arma), es algo que no pregunté. Él ese día -un lunes de abril de 2005- había ido al colegio, después sacó a pasear a la perrita y cuando volvió, cerca de las cinco de la tarde, estaba en esta casa solito... y bueno. Parece que los compañeros del colegio lo volvían loco, ahora se dice bullying. Pobrecito, qué crueldad".

Abu Haydée muestra una plancha con decenas de avisos fúnebres publicados en Clarín. Foto: Maxi Failla

Los ojos de Haydeé brillan, se humedecen y saca una foto de Tincho que muestra orgullosa. "Tan guapo es, miralo", ofrece la foto de un adolescente sonriente que, a primera vista, transmite paz y alegría. Marta, su amiga, permanece en silencio y cada tanto extiende un brazo de auxilio sobre el hombro y masajea. "Pasame la bolsita", pide la abuela, que manotea y saca un cuaderno Gloria, casi completo de cartas escritas y, dentro, fotos y recortes de avisos fúnebres.

Los agarra y los lee en voz baja. Toma un sorbo de su cortado pero no desvía la vista de los recortes. "Todos los publiqué en Clarín. El primero fue en 2005 y desde entonces nunca paré. Voy dos veces por año a Villa Luro, me tomo dos colectivos solita y las chicas de la receptoría me esperan... ya me conocen. Saben que voy para abril y para diciembre, que son las fechas de la partida y del cumpleaños".

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"Todos queremos ser como ella", dice Marta, una amiga de Haydeé.

Interrumpe la lectura para beber el cortado. Comparte esa hoja con muchos avisitos pegados que cuida como tesoro... Uno es del año 2006, un año después del fatal desenlace. "Estoy con el alma dolida y el corazón contrito. Busco en todo adolescente encontrarte con desesperación. Imagino tus actitudes tan centradas y te veo jugando y bromeando con los ángeles con esa inocencia y bonhomía tan tuya, como premio a tu gran corazón".

Suspira profunda y dice que es muy creyente. "Te confieso que durante mucho tiempo estuve enojada con Dios. Estaba indignada, lo culpaba por haberse llevado a mi amado nieto, así de un momento para otro, sin previo aviso. Sabés que durante mucho tiempo lo soñé a mi nietito de espaldas, trepándose a una escalera rumbo al cielo. Siempre me aparecía igual en los sueños, qué raro todo".

Tincho se destacaba en el deporte y fue campeón de judo.

Una sonrisa hace brillar esos ojos bondadosos de Haydeé. Marta le convida agua. "Era un chico bueno, trabajador, gauchito... Me venía a ayudar a Cáritas, donde yo hacía voluntariado. 'Abu, vengo porque me gusta estar con vos'. Era cariñoso, sano, me revuelve el estómago no haber podido ayudarlo, no conocer sus pensamientos", cambia el gesto. "Yo en casa lo siento cerca, ¿sabés? Percibo sus señales todos los días... ¿Será porque vivo donde él hizo eso?".

Para Haydeé recordarlo en el diario Clarín, cada año, "es algo necesario, terapéutico. Para mí es una celebración ver su nombre publicado, a pesar del dolor inquebrantable que no se irá nunca. Este cuaderno está lleno de cartas y frases para mi nietito. Siempre creo que en los avisos fúnebres pondré algo que ya escribí aquí -acaricia el cuaderno-, pero cuando viajo en el colectivo me aparecen nuevos pensamientos y y son los que se publican".

"No pude intuir qué pasaba por esa cabecita", lamenta Haydée. Foto: Maxi Failla

No tenía idea que su último avisito había tenido gran repercusión. "¿Vizaliración? ¿Cómo se dice? Ah viralización. ¿Qué quiere decir?". Sorprendida, sigue sin entender el porqué de la entrevista. "El dia anterior a lo que pasó -nunca menciona suicidio- fuimos a comer pastas a la casa de un familia en Ramos Mejía. Era domingo, lo recuerdo bien, yo lo seguía, lo buscaba con la mirada. A la noche de ese domingo quería venir a cenar conmigo, pero como tenía que ir al colegio al otro día, no pudo y se quedó triste".

La abuela cuenta que en el colegio le hacían bullying, que "lo cargaban porque era estudioso, traga se decía en una época y lo molestaban... Tincho era de contextura chiquita, frágil y a veces yo lo veía mal, me daba cuenta al instante, porque teníamos una gran conexión. Como la que sigo teniendo ahora, cuando escribo en el cuaderno... Cada vez que lo hago lloro, sigo sin poder creerlo".

Vuelve a ese lunes fatídico de 2005. "Estábamos cenando con mi marido y mi hijo y sonó el teléfono a la noche, varias horas después de lo ocurrido. Escuchaba a mi hijo hablar y me recuerdo nerviosa, tensa... Yo pensé que había tenido un accidente en la calle. Cuando me dijeron qué pasó se me vino el mundo abajo".

Toma otro sorbo y Marta, su amiga, la abraza con mucho afecto y Haydée devuelve el gesto. "Me pasan cosas raras, soy una mujer inquieta, salgo, camino, voy al club, tengo muchas amigas y un viaje el mes que viene... Tengo buena salud, muy buena te diría a mi edad. Pero no dejo de pensar en Tincho y en las ganas que tengo de encontrarme con él. A veces le pido a Dios que me ayude y me lleve a tener ese ansiado reencuentro".

PS