"¿Saben lo que es un michini? ¡Un gato!". Natalia Oreiro está sentada en el piso, sobre una alfombra dibujada con animalitos de colores. Piernas cruzadas, libro en mano y rodeada de chiquitos que la miran expectantes, comienza a leer la historia de "La familia Michini", en la que los padres están agotados porque su gatito hace muchas travesuras. Entonces le gritan y lo castigan, hasta que llega la abuela y les explica que lo que hace el gatito es normal, y que ser duros con él no es la solución. El libro forma parte de la colección "Cuentos que cuidan" de UNICEF. Natalia está en Metán, Salta, acompañando una iniciativa que busca promover prácticas de crianza respetuosa, cariñosa y sensible.

"¿Quién tiene gatitos? ¿Y quién tiene perros? Yo tengo tres perros y un gato", les cuenta Natalia a los chicos que levantan sus manos para hablar. Una nena le dice que tiene una gallina. "Yo también tenía gallinas cuando era chiquita", recuerda sonriente Natalia, que está por cumplir 15 años como embajadora de UNICEF.

En la Casa Mugica no solo juegan los chicos. Madres y padres se dividen en grupos para tirar dados, hacer preguntas y pensar respuestas en una versión de "el juego de la vida" que habla de las dificultades en la crianza. "¿En tu familia hay momentos de berrinches o enojos?", pregunta alguien. "Cuando pongo límites", dice una mamá. "Cuando tiene sueño", dice otra. "Cuando tiene hambre", agrega alguien. Natalia también participa: "Cuando le digo que se abrigue".

Los chicos se le cuelgan, madres y padres le piden fotos. Las promotoras del programa de "Crianzas responsables" también. Ella sonríe, abraza, se agacha, se sienta, se para, habla, da besos.

"Es un privilegio poder acompañar a UNICEF desde hace 15 años. Realmente yo siento que me dan mucho más de lo que yo puedo aportar. Yo he aprendido a ser madre a lo largo de estos 15 años porque justamente me nombraron embajadora del Río de la Plata cuando estaba embarazada de mi hijo. Entonces para mí hay un doble significado", les dice a todos Natalia al final del encuentro.

Natalia Oreiro habla de su rol como embajadora de UNICEF. Foto: Javier Corbalán, UNICEF

"Estamos viviendo momentos en el mundo muy crueles y muy difíciles y de mucho odio y creo que la única manera de poder revertir eso es desde el amor, desde la educación, y el conocimiento y eso se brinda siempre en nuestras casas. Si quizás no tuviste la mejor experiencia hay que intentar revertir esa situación, no repitas patrones aprendidos porque así fueron con vos. Uno es consciente cuando algo hace ruido, si necesitas ayuda pedila, en la comunidad o en otros lugares. Necesitamos niños, jóvenes y adultos criados y educados con amor, porque es la única manera de tener un mundo más sano", agrega. Todos la aplauden.

Un programa para tomar conciencia

Según la Encuesta Nacional de Niños, Niñas y Adolescentes de UNICEF, en Argentina un 97% de las personas a cargo de la crianza reconoce la importancia de que sea respetuosa: los cuidados amorosos y los abrazos desde los primeros años marcan una diferencia clave y ayudan a crecer, desarrollarse y relacionarse de una forma sana con el mundo que los rodea. Sin embargo, el 59% de las niñas y los niños de 1 a 14 años recibieron gritos, agresiones verbales o castigo físico durante su crianza.

UNICEF desarrolla distintas iniciativas para promover crianzas sensibles y sin violencia. Una es “Comunidades de Crianzas”, implementada en nueve localidades desde 2025 junto a la Secretaría de Primera Infancia, Niñez y Familia de Salta.

San José de Metán está a 140 kilómetros de la capital provincial. La Casa Padre Carlos Mugica de los Peregrinos Pasionistas queda en el barrio El Jardín. Todos los vecinos la conocen porque es un lugar de puertas abiertas donde los chicos no sólo reciben apoyo escolar sino que todas las familias encuentran contención.

María Rosa y su hija Morena participaron de los talleres de "Crianzas respetuosas" en Metán. Foto: Javier Corbalán, UNICEF

"Es una comunidad que ahora ya está bastante integrada a la ciudad, pero es la periferia y por ahí en el invierno, cuando llueve, es de difícil acceso. Ya casi está cubierta con todos los servicios básicos, aunque todavía faltan cloacas y gas. Son todos trabajadores que están en el limón, en los aserraderos y muchos van a la ciudad como albañiles. Las mujeres trabajan en economía solidaria, como empleadas domésticas, con emprendimientos, ventas de catálogo, hacen distintas cosas y además trabajan en sus casas", cuenta Gustavo, uno de los referentes del lugar.

"Los primeros años son muy importantes porque establecen la base del desarrollo. Un niño necesita buena salud, buena alimentación, una familia presente y un cuidado amoroso, porque su primera relación afectiva es con las personas que lo cuidan, con las personas que están alrededor de él. El niño es una persona que depende del cuidado y del cariño de otros. Y si el niño encuentra un adulto responsable, amoroso, que atiende sus necesidades, que además de proveerle alimento, cobijo, salud, juega con él, le habla, está atento a sus necesidades, a sus emociones, es un niño que crece con una sensación de seguridad que después le permite ser un adulto que también puede transmitir esos sentimientos positivos hacia otro niño", explica a Clarín María Elena Ubeda, representante adjunta de UNICEF en Argentina.

"Los primeros años son fundamentales", asegura María Elena Ubeda, representante adjunta de UNICEF Argentina. Foto: Javier Corbalán, UNICEF

“Durante mucho tiempo, la crianza se consideró un asunto privado: cada familia decidía cómo criar, con qué métodos, sin que nadie pudiera opinar o intervenir. Este proyecto está basado en la convicción de que criar sin violencias es una responsabilidad que comparten las familias, las comunidades y el Estado porque permite construir entornos protectores más integrales”, agrega.

"Comunidades de crianza da ese conocimiento de la experiencia de cómo criar saludablemente y cómo dotar a los adultos en esta vorágine que están viviendo para que hagan un parate, para que se cuestionen, para que se pregunten a sí mismos cómo criamos y para que adquieran habilidades y herramientas", asegura Corina Iradi, al frente de la Secretaria de Primera Infancia.

"Nos parece muy importante implicarnos en las crianzas nosotros como Estado, acompañar a las familias, desestructurar procesos que no son saludables, sobre todo para bajar los enormes números que hay vinculados a las violencias físicas hacia los niños y hacia las niñas y en particular a los más pequeños", suma la subsecretaria Marcela Alarcón.

Un compromiso de 15 años

"Lo que pasa en la primera infancia queda marcado para siempre, realmente es uno de los momentos más importantes por todo lo que tiene que ver con la nutrición, la parte cognitiva, la motricidad fina. La importancia de sentirse vistos y cuidados", dice Natalia a Clarín.

Después de horas de juegos, cuentos y charlas con la comunidad, asegura que se lleva una impresión "linda y súper relajada porque siento que esta es una comunidad pequeña y muy comprometida. Siempre es necesario que exista una comunidad fuerte, que te nuclee, que el vecindario sea fuerte, que te ayude, que te lleve, que alguien te diga, 'mirá, no te veo bien, vení para acá'. Y en ese sentido me parece que funciona muy bien".

También resalta el trabajo de las promotoras comunitarias: "Me parece que es súper interesante, porque es una figura nueva, también es una salida laboral y al mismo tiempo estudian porque se dicta en la universidad. Y está buenísimo porque le devuelven a la comunidad lo que han aprendido, les dan herramientas, pero al mismo tiempo son pares, son parte del barrio".

Natalia Oreiro junto a las familias que participaron de los talleres de Crianzas responsables. Foto: Javier Corbalán, UNICEF

Natalia plantea que "hay que erradicar la idea de que sólo las madres son las que tienen que criar". "Cuando hay una pareja y está el padre presente, igual es la madre la que tiene lo que se llama la carga mental, y que en muchos casos además trabaja en la triple jornada laboral que tienen muchas mujeres. A veces trabajan para la comunidad, en su trabajo formal y luego cuando llegan a su casa tienen a su cargo sus hijos, sus padres, y en la mayoría de los casos es en las mujeres en las que recaen las tareas de cuidado. Entonces es natural que estén cansadas".

Y hace una reflexión final: "Se suele repetir que las infancias son el futuro y en realidad son en el presente. No existe la posibilidad de no pensarlas en este presente, porque es ahora cuando tienen la necesidad. Niños y jóvenes criados con necesidades y con violencia difícilmente puedan ser adultos responsables, amorosos con sus hijos. Por eso hay que buscar que tengan un buen presente, una buena educación, acceso a sus útiles escolares, a información, a los cuidados, al agua potable, a una buena alimentación. Y que con las herramientas que adquirieron en su desarrollo puedan en el futuro tener un trabajo digno, que es lo que todos queremos, porque sin esa posibilidad hay mucho peligro por delante".