Se los ve a unos metros, cruzando la calle, y caminando pegados, charlando. Se advierte complicidad y un clima distendido. Están por entrar al restaurante donde se combinó un almuerzo para el encuentro y degustar las recomendaciones del chef (guiso, locro o mondongo) ideales para la época. Saludo afectuoso con el cronista y nos sentamos a la mesa. El más grande rompe el hielo: "Creer o reventar: los milagros existen", mientras el grupo de jóvenes sonríe tímidamente.
Es un esperadísimo reencuentro, más allá de la fecha comercial. Durante diez años, para Pablo Ghisoni el Día del Padre estuvo rengo y fue sinónimo de vacío y amargura. Sólo compartía esa celebración, desganado, con su hijo mayor, Francisco, ya que Tomás e Ignacio vivían con su madre, y Ghisoni tenía una medida de restricción que no le permitía acercarse.
Médico obstetra, Ghisoni fue denunciado falsamente, en 2012, por Andrea Karina Vázquez, madre de sus tres hijos, de abusar sexualmente de dos de ellos. Esa acusación destrozó la vida laboral, social y personal del médico, que además estuvo preso durante tres años. Recién en marzo de este año la Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires lo absolvió.
Miran el menú pero ya lo tienen claro: locro y mondongo. Pablo se sienta en la cabecera y a su lado, Ignacio (17); Francisco (25) en el medio y Tomás (24), en la otra punta. Durante el calvario que se extendió por más de una década, Ghisoni siempre tuvo el incondicional apoyo del más grande. En cambio, Tomás fue el que más lo atacó, manipulado por su madre, y a Ignacio, menor de edad, lo dejó de ver a los seis.
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Después de más de una década, Pablo Ghisoni vuelve a compartir un Día del Padre con ellos. En la previa, los cuatro hablaron con Clarín.
"Convivimos desde principios de año, es como haber adoptado a mi propio hijo. Pensé que sería más complicado... Estoy agradecido por este momento, la verdad es que Nachito me la está haciendo más fácil de lo esperado ". Nacho lo escucha y recoge el guante: "Esto es insufrible, un padecimiento total" y se tienta. Sonríen todos. "A mi viejo le agradezco recibirme y darme esta oportunidad. Después de todo lo vivido, sé que su esfuerzo es enorme".
"Perdimos mucho tiempo, es hora de invertirlo con encuentros que nos hagan bien", coincide la familia Ghisoni. Foto: Ariel Grinberg
Clarín empezó a gestionar el encuentro en abril. Al principio tuvo una negativa rotunda, pero con el paso de las semanas, ablande mediante, se pudo concretar este bautismo de los cuatro juntos con la prensa. "Con tanto que tenemos que hablar nosotros, no sé si estábamos para compartir una charla con un diario", se sincera Ghisoni. Hay que decir que el aire no se corta con un cuchillo, sino que reina una atmósfera de armonía. Sin ser tan explícitos, a los cuatro se los ve disfrutando el momento.
Hasta fin de 2025, Ignacio vivía con su madre, médica y ex funcionaria de La Matanza. "La decisión de irme a vivir con mi papá fue totalmente mía -sorprende el muchacho-. No fue algo que pasó de un día para otro... Fue un proceso largo. En principio, la idea era vivir con mi hermano Tomás, pero antes pasaría unos días con mi viejo", señala el muchacho que cursa el sexto año del secundario. "No era sencillo, porque no nos conocíamos y ninguno de los dos sabíamos con qué y con quién nos íbamos a encontrar -dice Ghisoni-. Pero como las primeras semanas fueron muy buenas y había feeling, le propuse quedarse sin la necesidad de ir a lo de su hermano".
Pablo Ghisoni, el padre, estuvo más de diez años sin ver a dos de sus hijos (Tomás e Ignacio): la madre de ellos lo acusó falsamente por abuso sexual. Foto Ariel Grinberg
Llegan las porciones de mondongo y locro. Inoportunas, pero hay hambre y lucen tentadoras. Se produce una pausa de rigor y los hermanos, que también estuvieron distanciados, conversan haciendo rancho aparte. Desde afuera se advierten muchas ganas de recuperar el tiempo perdido. Ghisoni es más austero a la hora de expresarse. "Fueron diez años de un cascoteo interminable. Estoy todo roto por dentro, me estoy reconstruyendo y me va a llevar tiempo volver a ser aquel que fui", se pinta de cuerpo entero.
En julio del año pasado, un video grabado por Tomás, que se hizo viral, exponía el caso Ghisoni en la tapa de todos los portales. El hijo del medio había aceptado filmarse -por pedido de su padre- revelando una verdad que hasta poco tiempo antes ignoraba. "Cuando era adolescente acusé falsamente a mi padre de algo gravísimo y lo más difícil de admitir es que sostuve esa acusación por más de diez años”. Entraba en razón Tomás y a partir de allí empezaba a gestarse "el operativo acercamiento" con su padre, inimaginable meses atrás.
Tomás admite culpas pero dice que no quiere volver al pasado. "Hubo reconocimiento, aceptación y pedido de perdón para los afectados. Y me culpo por lo que hice, pero cuando tomé conciencia, obré en consecuencia. Ya no quiero flagelarme más por cómo me comporté". Ghisoni padre asiente en silencio.
Pablo Ghisoni, padre de tres hijos, fue acusado falsamente por su ex mujer de abusar de dos de ellos y pasó tres años preso. Foto: Pablo Ghisoni
Como si fuera una coreografía, los cuatro varones mojan el pancito en la salsa y las cazuelas parecen recién lavadas. Ignacio toma la palabra. "Para tomar la decisión de irme de lo de mi mamá, tuve un fuerte apoyo de mi hermano Tomás, que me dijo cosas de mi madre que yo no veía. Estaba cegado en el entorno que vivía". Sorprende Nacho por su madurez y manera de expresarse. Lo escuchan todos. "A fin de año hablé con mi mamá, fui honesto con ella, no quería ocultarle nada y le dije que me iba de casa. No salió muy bien la cosa, pero al menos yo hoy duermo con la conciencia tranquila. Estoy en el lugar que quiero estar".
Al día de hoy tanto Ignacio como Tomás y Francisco no sólo no tienen contacto con su madre, sino que no saben sobre su paradero. "Cuando yo me fui, ella también se mudaba", desliza el menor. "Por ahora no queremos saber nada, hizo mucho daño", aporta Francisco, el que siempre bancó a su viejo aún en los peores momentos, con Ghisoni preso.
Francisco, Tomás y Nacho, los tres hijos, no quieren tener ningún vínculo con la madre. "Por ahora no queremos saber nada". Foto: Ariel Grinberg
Francisco es el que menos habla, pero no escatima respuestas. "Reconozco que yo estaba muy cerrado a la revinculación con mis hermanos. Con Tomás atravesamos muchas situaciones antagónicas". Aprueba Tomás: "Cuando nos veíamos, no podíamos hablar del tema, nos hacíamos los boludos y cuando surgía, cada uno expresaba su posición, chocábamos y nos alejábamos durante meses", cuenta Tomás, que respaldaba a su madre a la hora de señalar a Ghisoni como abusador. Admiten Francisco y Tomás que, años atrás, tuvieron "un vínculo a escondidas" de una madre muy controladora.
"Claro que Ignacio quería ver a Francisco, pero lo tenía totalmente prohibido", desliza Tomás. "¿Vos sabías que Francisco también fue denunciado penalmente acusado de abusar de su hermano menor? Daño espantoso que hizo (Andrea Vázquez) por no bancarse que Fran me apoyara desde el vamos", tira Ghisoni. "Yo había asumido que la relación con mis dos hermanos estaba muerta, sobre después de los intentos en vano que tuvimos con Tomás", confiesa Francisco.
"Con mi papá nos estamos conociendo, me gusta vivir con él", dice Nacho (17), que en 2026 se reencontró con su padre desde de una década sin verse. Foto Ariel Grinberg
Le cuesta creer a Francisco que este encuentro sea real. "Estar almorzando relajados y riéndonos, como si nada, la verdad es que no me podía imaginar que sucediera con la velocidad que ocurrió. Ni por más optimista que uno fuera, esto estaba en la mente de alguno de los cuatro. Es un giro radical para todos y estoy muy contento de que, después de tanto sufrimiento, estemos viviendo esto". Aprueba Nacho con repetidos movimientos de cabeza. "Volver a tener hermanos, no sentirme perseguido ni controlado es algo que no había experimentado, es otra vida", expresa el más chico.
Ghisoni acota que "nada es gratuito. Nacho está en una transición, en un cambio de vida rotundo. Dejó la casa de su madre, en San Vicente, y dejó de tener contacto con ella, cambió el colegio donde estuvo cinco años y tenía amigos, y ahora va a una nueva escuela, conociendo a otros compañeros y en el medio de todo eso, está conociendo a su padre que soy yo y con quien está conviviendo en Lomas de Zamora. Esto nos revolucionó a todos, yo perdí a mi pareja de años, la que me sostuvo en los peores momentos".
El experimento de las primeras vacaciones juntos después de una década. En enero pasado se fueron a Brasil: "Estuvimos en paz, fluyó", coinciden.
Comentan que en esta reconstrucción pactaron no remover el pasado. "De nada sirve hacer reproches después de todo lo vivido. Tratamos de obviarlo, por eso cada uno tiene su espacio de terapia y eso ayuda a descargar la parte tóxica", hace saber Francisco. "Con Nacho tengo una convivencia y estamos haciendo un curso acelerado de para conocernos lo más posible. Con Tomás no tenemos ese día a día y demorará un poco más el conocer mejor al otro, y Fran está desde siempre", apunta Ghisoni.
La charla fluye con el cafecito digestivo. Están tranquilos, se los ve genuinos y se olvidaron que hay una cámara y un micrófono. "Y cuando se nos aparece el pasado -acota Fran- nos esforzamos para que no hayan heridos". Tomás no duda de que "hay una herida profunda, pero evitamos poner el dedo". Toma la posta el padre: "Creo que hay un diagnóstico bastante claro sobre qué fue lo que pasó, quiénes son los participantes y qué hizo cada uno". "Las culpas y las disculpas fueron reconocidas y aceptadas -tercia Francisco-. Sabemos lo que tenemos y procuramos respetarnos y querernos con las cartas echadas".
En septiembre de 2025, ante Clarín, Ghisoni y su hijo Tomás hicieron la primera nota juntos ante un medio. Foto: Emmanuel Fernández / Archivo
En enero pasado, cuando todo era mucho más reciente, los Ghisoni tuvieron una prueba de fuego: se fueron diez días a Brasil en un crucero. "Podría haber sido el Titanic y salió todo bárbaro", lanza Tomás. "Cada uno hacía lo que tenía ganas, convivimos pero también fue bastante libre. Había distintas actividades y nos encontrábamos en la pileta o para comer", comparte Francisco. "Fue una gran apuesta", dice papá Ghisoni.
Sale en la charla el nombre de Andrea Karina Vázquez, madre y ex esposa. Los rostros lucen serios. Hay varios segundos de silencio. ¿La ven, saben algo de ella? "No", a secas. Se indaga un poco más, con cuidado y respeto. "Ni siquiera sabemos dónde está", primerea Nacho. "Cuando yo me fui, ella decidió rescindir el contrato de alquiler donde vivíamos en San Vicente. Tomás me vino a buscar, pasamos la noche de Año Nuevo con los abuelos paternos y ahí empezamos la nueva vida".
Otra vez silencio. Ghisoni revuelve su café una y otra vez. Incomoda hablar de la madre y ex esposa que, según dijo la Justicia, hizo muchísimo daño. "La fantasía de tener una madre normal la sigo teniendo", pone la voz Tomás. "Tuve momentos escasos en los que compartí charlas y vivencias normales. Extraño esos pequeños momentos de tener una mamá. Pero hoy no estoy preparado para soportar todo su veneno y toxicidad, por ese pequeño rato de normalidad".
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Después de más de una década, Pablo Ghisoni vuelve a compartir un Día del Padre con ellos. En la previa, los cuatro hablaron con Clarín.
Francisco es el hijo que más tiempo hace que no habla ni ve a su madre. "La tengo bloqueada en todos lados, no me interesa saber nada de ella... Cuando lo intenté hace años, lo único que encontré fue una persona que me provocaba mucho dolor y daño, por eso considero que es una persona que no vale la pena para mi vida". Nacho no se queda atrás: "Fue un padecimiento convivir con alguien que es psicópata narcisista. Cualquier tema terminaba en pelea y cualquier excusa era motivo para atacar a mi papá". Ghisoni, en silencio, es un testigo de lujo.
Nos levantamos para hacer unas fotos y cuentan al pasar que tienen desafíos semanales "al ping-pong y luego sale una pizza. Se arman unos partidazos y por ahora es Tomás el que saca ventaja". Risas, cargadas entre los tres hermanos y el padre que cuenta que compró paletas nuevas para el próximo torneo. Ghisoni parece disfrutar esta extraña normalidad. Comparte Francisco que semanas atrás fue anfitrión y preparó unas cheese burgers para sus hermanos. "Me alivia que hayan podido reconstruir el vínculo y que hoy tengan una relación bastante normal de hermanos".
Con una mirada que combina melancolía y satisfacción, Ghisoni dice por lo bajo que "hubo que sufrir años, fue muy traumático saber que tenés hijos vivos pero muertos... A la larga se hizo justicia". Los hermanos están charlando entretenidos. "Estos seis meses fueron demasiado para gestionar: me separé, Nacho se vino conmigo, tuve que buscarle un colegio, el acercamiento con él, con Tomás... Es mucho para una sola cabeza, me mantuve con altibajos y deporte, pero las marcas están, son heridas de guerra que quedarán para siempre. Y nos pasa que estamos apurados intentando recuperar el tiempo perdido".
AS
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