Estudiar una carrera o aprender un oficio, trabajar de eso 40 años y jubilarse en la misma empresa. Lo que fue la proyección profesional de miles (millones) de personas por décadas, ya no existe más. El mundo está más volátil que nunca, y la inteligencia artificial aceleró todo a la velocidad de la luz. No importa en qué punto de la vida laboral se esté: hoy todos nos sentimos en jaque, navegando en el mar embravecido de la incertidumbre. ¿Qué va a ser de mi vida laboral no en cinco años, sino mañana? ¿Tengo que reconfigurar mi trabajo? Y lo que pesa como una espada de Damocles: ¿la IA me va a terminar reemplazando?

El concepto, que cada vez más se escucha en boca de especialistas en psicología, neurociencias, relaciones laborales y coaching es el de rediseño. La idea es que intentar frenar el cambio es imposible, porque la única certeza de estos tiempos es, justamente, el cambio. Y también, que en una situación de cambio, el principal riesgo es quedarse quieto.

Clarín consultó a especialistas en el mercado laboral, desde distintos ángulos, para tratar de buscar algunas respuestas. Aquí, 10 preguntas para reflexionar y consejos para poner en práctica.

1. ¿Qué hacemos con el miedo a quedarnos sin trabajo?

Claudina Kutnowski es psicóloga y tiene una consultora con la que se especializó en reinvenciones laborales. Acaba de publicar el libro “Inteligencia laboral” (Planeta), en el que aborda, justamente, “cómo rediseñar tu trabajo en un mundo cambiante”. Lo primero que dice es que el lugar que ocupan los temores es enorme y, también, sensato. La cuestión es qué hacer con el miedo.

“Puede ser motor, como 'temo tal cosa, voy a prever tal escenario’ o funcionar como freno, ‘me da tanto miedo que no puedo hacer nada’. La cuestión es registrar cómo está operando y cuánto permite cuestionar la información con la que se cuenta”, apunta. En su libro, dice que al miedo se lo acompaña y que “nombrarlo, mapearlo y entender su función permite que deje de operar en automático”.

“Yendo a la situación laboral, hay que ver cuánto de real hay. Si existe un riesgo laboral, ver cómo prepararse y qué recursos buscar para enfrentar esa situación con la mayor robustez posible”, aconseja. También advierte que cuando la conversación sobre los miedos sucede entre interlocutores cercanos (compañeros de trabajo, familiares, amigos) se da un inconveniente y es necesario llevarla a un ámbito profesional: “El entorno afectivo no necesariamente cuenta con recursos para sostener esta emocionalidad, entre otras razones, por esa cercanía”.

2. ¿Qué herramientas tenemos que aprender hoy?

El rediseño es fundamental también para Gaby Hostnik, especialista en neurociencia aplicada que incluso creó un método que se llama Rediseñate y escribió el libro “El futuro es lo que hacés hoy”.

Desde la ciencia, explica que el cerebro humano busca estabilidad y previsibilidad, pero que la velocidad de los cambios sociales y la incertidumbre activan estados de alerta, ansiedad y agotamiento.

Por eso, remarca, ya no alcanza solo con aprender herramientas técnicas, sino que “necesitamos entrenar habilidades emocionales y cognitivas que nos permitan adaptarnos mejor. La flexibilidad mental, la regulación emocional, la capacidad de aprender constantemente y la tolerancia a la frustración son hoy competencias fundamentales. Tenemos que cuidar tanto lo que sentimos como lo que pensamos para orientarnos más hacia la oportunidad, el aprendizaje y la búsqueda de soluciones y alternativas”.

3. Los que hoy tienen 40 o 50 años, ¿cómo pueden readaptarse a este contexto laboral tan cambiante?

Kutnowski trae en su libro el concepto de “capital laboral”. Lo explica de manera sencilla. “Hasta esa edad, no hiciste una sola cosa: no solo pintaste una pared si sos pintor o escuchaste pacientes si sos psicólogo. Cuando uno se pone a mirar hacia atrás todo lo que hizo, aparecen trabajos cortos que hiciste por una vez, proyectos que no salieron, voluntariado, hasta puede incluir ser la que organiza las fiestas a toda la familia. El recorte que hacemos de empleabilidad es cultural y está basado en un determinado mercado”, afirma.

Todas esas cosas que uno fue haciendo en su vida, que por supuesto incluyen las habilidades blandas, es el capital laboral. Ella propone hacer una revisión de la carrera en lo que llama cápsulas, para ir desglosando todo lo que se fue haciendo en esos años además de lo que vemos.

“Las cápsulas son unidades pequeñas que desarman la carrera en partes concretas. Cada cápsula reúne un trabajo, un proyecto o un período, con sus entregables, habilidades y contextos. Al revisarlas, aparecen recursos que quedaron relegados y que pueden recuperar valor. Muchas veces, esos elementos actualizados o resignificados abren caminos frente a la necesidad de un cambio”, describe.

4. ¿Qué les conviene estudiar a quienes recién están insertándose en el mundo laboral?

Mariana Galante es directora ejecutiva de la Fundación Banco Nación y cabeza del proyecto LABURAtorio, que busca acercar a los más jóvenes oportunidades de desarrollo profesional. Reconoce que ve a muchos chicos y chicas con ansiedad e incertidumbre, que no saben por dónde empezar. “Yo les recomendaría una formación que combine tres cosas: una base sólida, habilidades humanas y alfabetización tecnológica”, sintetiza.

Y pasa a enumerar qué compone cada uno de esos aspectos. “Base sólida es aprender a pensar, leer, escribir, analizar problemas, entender datos, comunicar ideas y trabajar con otros”, enumera. Las habilidades humanas engloban el criterio, la creatividad, la empatía, el liderazgo, la curiosidad y la capacidad para resolver problema. Y alfabetizarse tecnológicamente es aprender a usar la IA o la tecnología en general como una herramienta cotidiana.

“Lo importante no es acertar una carrera, sino empezar, probar formarse, equivocarse, corregir y volver a aprender. Es avanzar y retroceder y tener en claro que todos, sin excepción. Tenemos que estar reinventándonos permanentemente”, admite.

5. ¿Cómo empezar a formarse en IA para el mundo del trabajo?

“Es un error creer que es aprender a programar o entender algoritmos: formarse en IA significa aprender a trabajar con ella, saber qué preguntarle, cómo guiarla, cuándo confiar y cuándo cuestionar”, aclara Carolina Casullo, docente de la Universidad de San Andrés, coordinadora del programa Mujeres Líderes en Salud del CIPPEC y consultora en estrategia y liderazgo.

Para lograr todo eso hace falta pensamiento crítico: “No es una habilidad del pasado. Es el filtro imprescindible para usar bien la IA”.

Ahora bien, ¿cómo empezar? “El punto de entrada más concreto es identificar una tarea que hacés seguido, que te lleva tiempo y que no requiere tu criterio más profundo: resumir información, estructurar un informe, preparar el borrador de un mensaje difícil, ordenar ideas antes de una reunión. Empezá por ahí, de manera sistemática, como hábito: vale más que cualquier curso de 40 horas”, asegura.

6. ¿Cómo evitar que la IA se quede con mi trabajo?

Para Casullo, esta pregunta está equivocada. “La pregunta no es cómo compito con la IA, sino qué hago yo que una IA no puede replicar”. La IA es extraordinariamente buena, asegura, en tareas que se pueden predecir o estandarizar.

“Pero no puede leer lo que sucede en una sala, entender el contexto político de una organización, sostener una conversación difícil con un equipo en crisis o tomar una decisión que implica valores y no sólo datos”, afirma. Todo esto es inteligencia estratégica y la propia IA puede ayudarnos a entrenarla.

“Hoy la usamos como si fuera una fotocopiadora cuando en realidad puede funcionar como una sala de ensayo mental”, sostiene. Pone un ejemplo en el que la IA es una “interlocutora de pensamiento”: una charla con mi equipo a cargo sobre una reestructuración que no depende de mí. Propone preguntarle cuáles son los miedos más probables que van a aparecer, cómo anticiparlos, cuáles son los posibles escenarios a los que podría enfrentarme.

“Eso es pensamiento. Cuando la usás así, la IA te obliga a articular lo que pensás, a clarificar lo que aún es confuso y a ver ángulos que en tu cabeza no estaban visibles. No decide por vos, te devuelve tiempo y claridad para decidir mejor”, asegura. Y remarca: “El riesgo no es que la IA te quite tu trabajo, sino que lo haga alguien que sepa usarla mejor que vos”.

7. ¿Cómo sé si tengo que hacer un cambio laboral?

Hostnik aclara que rediseñarse no significa solamente cambiar de trabajo. Y que dejó de ser algo asociado a las crisis y a los cambios extremos, sino que tiene más que ver con una actitud de aprendizaje continuo o de convertir la falta de certeza en oportunidades.

“Muchas veces implica actualizar habilidades, cambiar la manera de liderar, aprender nuevas formas de vincularnos, incorporar herramientas técnicas o incluso revisar qué queremos para nuestra vida y nuestro bienestar futuro”, plantea. Para ella, la IA y la transformación digital solo aceleraron algo que venía ocurriendo en los últimos años: la necesidad de aprender y reaprender, que a la vez “invita a revisar una idea muy instalada: que nuestra identidad estaba completamente atada a un único rol laboral o a la carrera que estudiamos”.

Kutnowski matiza que hay señales de cuando hacer un cambio, “que inicialmente son internas y van de desde ser un suave malestar al desarrollo de síntomas físicos y emocionales”. La buena noticia ante este escenario es que nos podemos amparar en el mencionado capital laboral para explorar opciones.

“En ese recorrido se encuentra la clave: con ese material podemos unir puntos de otra forma, de manera tal de empezar a producir opciones nuevas, parecidas pero distintas. Luego hay que contrastar con la realidad y revisar su viabilidad. En algunos casos quizás haya que estudiar algo nuevo (no necesariamente una carrera), buscar socios o reflotar saberes que quedaron en el camino y actualizarlos”.

Para la especialista, hay 5 pasos fundamentales para hacer un cambio:

  1. Realizar un buen diagnóstico de situación.
  2. Pedir ayuda profesional y entender que un cambio requiere de tiempo, dinero, sostén emocional y acompañamiento estratégico.
  3. Investigar, derribar mitos, juntarse con otras personas y conseguir toda la información posible: “Cargar el cerebro con datos desconocidos es el puntapié básico para la generación de nuevas ideas”.
  4. Diseñar un plan que tenga en cuenta el cambio de forma de generar ingresos: “La educación financiera es clave”.
  5. Proyectar la vida que se armaría con ese nuevo trabajo: con quién, en qué contextos, qué contenidos involucraría.

8. ¿Emprender es la mejor salida para quien quiere un cambio laboral?

En las redes sociales y en muchos medios, pareciera que todos los emprendedores son exitosos. Aquí, coinciden las expertas consultadas, hay una trampa. Emprender sí puede ser una salida, pero no para todos.

Tener un emprendimiento es dificilísimo. Saber producir algo no es sinónimo de saber montar un negocio alrededor de eso. Se requieren un montón de estrategias de negocio y características de personalidad: hay que tener un buen funcionamiento, autoliderazgo, autodisciplina, habilidades comunicacionales, manejo del dinero, saber delegar, tener estrategia”, describe Kutnowski, quien remarca que es fundamental “formarse para emprender. Podés ser una tejedora excepcional, pero de ahí a tener un emprendimiento de ropa tejida hay un abismo”.

Para Galante, no sólo hay una idealización sino que “las redes muestran el resultado y no el proceso, los años de incertidumbre, prueba y error”. No obstante, no cree que el emprendedurismo sea una moda pasajera sino, por el contrario, “una herramienta cada vez más relevante en un mundo de las trayectorias laborales son menos lineales”. Y da tres consejos para quienes quieren reinventar su vida profesional como emprendedor independiente:

  1. Empezar por el problema, no por la idea. No enamorarse del producto, sino del problema que viene a resolver. Asegurarse de que existe una necesidad real y personas dispuestas a pagar por la solución.
  2. Arrancar pequeño y validar rápido. Probar con una idea, con muy pocos recursos, obtener feedback real y corregir sobre la marcha.
  3. Aprovechar la tecnología como multiplicador. Con la inteligencia artificial y las herramientas digitales, una sola persona puede diseñar una marca, crear contenido, investigar mercados, automatizar tareas, desarrollar propuestas comerciales o aprender nuevas habilidades.

“Emprender no es solamente crear una empresa. Es una forma de mirar el mundo: desarrollar iniciativa, detectar oportunidades, resolver problemas y generar valor para otros”, remarca.

9. ¿Cuáles son los pasos fundamentales para rediseñarse laboralmente?

Casullo grafica que muchos profesionales se encuentran en la mitad de su vida laboral “sin más ganas de demostrar que pueden, sino con ganas de poder elegir dónde poner la energía. Pero el mercado laboral cambió, la IA cambió las reglas de juego y nadie nos explicó cómo integrar todo eso a una nueva identidad”. Explica que hay una “fatiga difusa, la sensación de que algo no cierra, de que se está produciendo mucho y recibiendo poco”.

Ella plantea la necesidad de armar un nuevo mapa de la metodología laboral. “Nos aplica a todos. No significa empezar de nuevo, sino hacer un diagnóstico honesto y construir desde ahí”.

Para rearmar ese mapa, primero hay que hacer un inventario (saber qué tenemos y qué partes de nuestra forma de trabajar dependen genuinamente de nuestro criterio y experiencia). Después, el foco: ver qué resultado concreto necesito producir en los próximos tres meses y desde ahí definir qué cambiar. Tercero, la práctica antes que el plan: elegir una tarea, integrar la IA y ver qué pasa. Cuarto, entender que es más importante el sistema (cómo quiero que mi trabajo fluya) que las herramientas que uso. Y quinto, darse el tiempo para pensar: tomarse media hora semanal para reflexionar sobre qué funcionó y qué hay que ajustar.

Hostnik da tres consejos. El primero, insiste, es tener una mentalidad de aprendizaje continuo (“El futuro laboral pertenece cada vez más a las personas que pueden seguir aprendiendo, adaptándose y actualizando habilidades a lo largo de toda su vida”). El segundo, la autoconciencia (“Muchas veces las personas saben qué no quieren, pero les cuesta identificar qué las motiva, qué capacidades tienen, qué conversaciones necesitan tener y qué estilo de vida desean construir”). Tercero, buscar mentores, guías y construir red y vínculos genuinos (“Ningún proceso de transformación se atraviesa completamente en soledad: las oportunidades laborales, el aprendizaje y el crecimiento suceden en comunidad”). Y cierra con un mensaje: “La capacidad plástica del cerebro es la gran esperanza del ser humano. Todo rediseño lo podemos hacer con lo que ya somos”.

10. Si estoy buscando trabajo, ¿cómo hackear al algoritmo para que mi CV llegue a ser evaluado por un ser humano”?

Hoy, la mayoría de los procesos de selección tienen una primera instancia automatizada, con sistemas conocidos como ATS (por las siglas en inglés de Sistema de Seguimiento de Postulantes). Para poder pasar ese filtro, Galante da algunos consejos:

  • Adaptar el currículum a cada búsqueda. “Es probablemente el consejo más importante — resalta—. Los ATS identifican palabras clave relacionadas con la descripción del puesto. Si una búsqueda menciona determinadas herramientas, conocimientos o competencias, es importante que aparezcan reflejadas de manera genuina en el CV”.

  • Utilizar formatos simples y claros. Los ATS leen mejor los CV que no tienen diseños muy complejos, gráficos, tablas o formatos muy creativos.

  • Tener presencia digital profesional. “El CV no es el único lugar donde una empresa conoce a un candidato. LinkedIn se convirtió en una herramienta fundamental. Un perfil completo, actualizado y coherente puede marcar una diferencia importante”.

  • Mostrar resultados y no solo tareas. Siempre que sea posible, mejor explicar el impacto que tuvo nuestro trabajo que solo enumerar responsabilidades.

  • Utilizar la IA a nuestro favor. Pedirle que nos ayude a revisar un CV, adaptarlo a una búsqueda específica o incluso simular entrevistas laborales para llegar mejor preparados a esta instancia. “Recordar que a las personas las siguen contratando personas, no algoritmos”, grafica.

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