Julieta (26) y Facundo (29) están juntos desde 2022 y son una pareja como cualquier otra: trabajan, conviven y tienen un gato. Pero su historia de amor empezó de una manera bastante particular, porque se conocieron mientras ambos estaban internados en una clínica de salud mental.

Cada uno había ingresado por motivos diferentes ese mismo año. Julieta decidió internarse tras sufrir episodios de ansiedad y autolesiones. Facundo, en cambio, tenía problemas con el consumo de alcohol. Sin embargo, ambos comparten un mismo diagnóstico: el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). Esta es una patología que afecta a entre el 2% y el 5% de la población y se relaciona con conductas inestables e impulsivas, ideas paranoides y la sensación crónica de vacío.

Su primer encuentro fue el mismo día que Julieta entró a la clínica; Facundo ya llevaba allí unos días. Cuentan que la conexión entre ellos fue inmediata y que hablaron durante varias horas. Describen que su vínculo ahí fue muy intenso, y que incluso sufrieron tener que separarse días después.

Julieta fue trasladada a otra planta de la clínica, mientras que Facundo permaneció en donde estaba. En un contexto pospandemia, no podían reunirse por seguridad, por lo que la despedida fue triste y él le entregó a ella un poema manuscrito para que lo leyera en soledad. Ahí mismo expresaba cuánto la quería, pero durante el tiempo restante de la internación, no se volvieron a ver ni pudieron comunicarse, salvo por las cartas que él le enviaba a ella.

La Ley de Salud Mental estipula que la internación debe ser "lo más breve posible" para evitar la institucionalización o el viejo modelo manicomial. Los períodos de internación promedian entre uno y dos meses. En este caso, Julieta estuvo en la clínica por dos semanas y Facundo durante tres.

Julieta y Facundo, el día de su casamiento. Se conocieron mientras estaban internados en una clínica psiquiátrica.

Según cuentan ellos, en la clínica teóricamente había sesiones disponibles con psicólogos y psiquiatras todos los días, pero en la práctica no siempre era así. También detallan que, apenas llegaron a la internación, les suministraron bastantes fármacos. En los días largos sin reloj, los pacientes podían optar por asistir a actividades como musicoterapia o ejercicios con colchonetas.

Describen la llegada como un momento de extrema vulnerabilidad. “El primer día me tuvieron que ayudar a llegar hasta la cama porque me sentía muy mal”, describe Facundo. Julieta señala en particular la vulnerabilidad de ser mujer en ese contexto, y menciona como ejemplo a un profesor de un taller que le pidió su número de teléfono. Más allá de haber pasado por una de las clínicas privadas mejor consideradas, la pareja coincide en que el sistema -sobre todo en los espacios públicos- está muy lejos de funcionar como debería.

“Yo en ese momento me odiaba y él, con su gestos y sus actitudes, me enseñó a amarme a mí misma”, le agradece. Y resalta: “Lo raro de nuestra historia, no es que dos personas que se conocieron en un psiquiátrico salgan y se pongan en pareja. Lo raro es que hayamos construido una relación sana”.

Juntos. "Lo raro de nuestra historia es que hayamos construido una relación sana”, dice ella.

Un mes después de que ambos salieran de la clínica, se pusieron de novios. Julieta cuenta que su familia veía la salud mental como un tema tabú y lleno de estigmas. Ella se sentía incomprendida e incluso había llegado a medicarse a escondidas. Sus padres reaccionaron con desconfianza ante la noticia del noviazgo: un chico con el pelo platinado, lleno de tatuajes y piercings y que era, además, la primera pareja de Julieta. Pese a todo, confiaron en su hija y aceptaron que el mismo día que lo conocieron, Facundo se quedara a dormir.

El fantasma del estigma también se coló en el ámbito laboral. Facundo trabajaba en relación de dependencia y, al principio, eligió ocultar lo que pasaba: le dijo a su jefe que le habían detectado un tumor y que necesitaba ausentarse. Recién días después, ya resuelta su derivación a una internación, decidió contarle la verdad y pedirle disculpas.

Hoy, ambos viven y trabajan en Buenos Aires, en el barrio Recoleta. Actualmente, Julieta se desempeña en el área de prensa de una empresa y Facundo es programador. Luego de la internación, reconocen, la reinserción laboral fue complicada: ella tardó un año en volver a trabajar y él, aunque cuando salió de la clínica conservaba su puesto habitual, renunció al poco tiempo y recién en 2025 consiguió un nuevo empleo formal.

Julieta y Facundo aclaran que la salud mental en la Argentina es cara, por lo que la obra social suele cubrir apenas una parte del tratamiento y sus profesionales están sobrepasados. De hecho, conocen a varios amigos de otras internaciones a quienes la falta de recursos económicos les dificulta muchísimo sostener un tratamiento. Por eso, son conscientes de que atravesaron la internación de una manera privilegiada, porque pudieron pagar terapia y psiquiatría de forma privada.

A su vez, cuestionan el estereotipo de quién "merece" internarse. A contrario de lo que la mayoría cree, ambos describen haber convivido con personas con depresión, con trastornos de ansiedad severa, con intentos de suicidio, con esquizofrenia, pero en su mayoría, con consumos problemáticos de sustancias. "Llegás y están todos perfectos", resume Julieta. “Gente común, dentro del espectro de padecimientos que puede tener cualquiera”, explica.

Su historia de amor tuvo, además, un capítulo que nadie imaginaba en un principio: se casaron. La propuesta llegó el 7 de noviembre de 2024, cuando Facundo la citó en su casa sin decirle el motivo, con un ramo de flores escondido y una carta que había escrito para la ocasión. Mientras sonaba de fondo "Nunca me olvides", de Airbag, se la leyó completa y ella lloraba en cada línea. Luego, sacó el anillo.

Julieta y Facundo se casaron en abril de este año.

La boda fue en abril de este año, en un country de Pilar, con una ceremonia civil al aire libre, en una carpa frente a un lago. Tres semanas antes, incapaces de esperar, se habían despertado a las tres de la mañana para leer los votos que cada uno había escrito. Frente a los invitados, nervioso, Facundo optó por decir apenas una versión breve: "Te amo profundamente".

A cuatro años de aquel primer cruce en el pasillo de la clínica, son una pareja consolidada. Prefieren no convertir su historia en una fórmula ni en un consejo, pero insisten en que la salud mental deje de tratarse como un tema tabú, ni en las familias, ni en los trabajos, ni en el sistema de salud, para que pedir ayuda no implique quedar "manchado" de por vida.

Sebastián Kalik, Victoria Satragno, Sol Lacman y Luisina Arozarena. Maestría Clarín - UdeSA

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