Argentina atraviesa una de las transformaciones demográficas más profundas de las últimas décadas. La fecundidad cayó hasta 1,2 hijos por mujer en 2024, una cifra muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional. El debate ya ha comenzado y se polariza entre los optimistas que ven más oportunidades en un mundo menos poblado y los que plantean escenarios alarmistas de un futuro sin niños. Pero también hay una pregunta que plantean quienes estudian el tema: ¿las personas quieren tener menos hijos o existen obstáculos que les impiden concretar sus deseos?
Una nueva investigación del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina y Voices! permite acercarse a esa respuesta con evidencia local. La encuesta nacional de intenciones reproductivas indagó no solamente cuántos hijos tienen las personas sino cuántos desean tener, qué lugar ocupa la maternidad y la paternidad en sus proyectos de vida y, fundamentalmente, cuáles son las barreras que encuentran para concretarlos.
El resultado cuestiona una de las explicaciones más repetidas sobre la baja natalidad: que las personas, y especialmente las mujeres, simplemente dejaron de querer tener hijos.
El 57% de las personas de entre 18 y 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos que tendría si no existieran limitaciones de ningún tipo. El ideal reproductivo continúa concentrándose mayoritariamente en el modelo de dos hijos: el 34% señala esa cantidad como ideal y, si se suman quienes desean entre uno y tres hijos, se llega al 59% de la población.
"Los resultados son contundentes: no estamos ante una falta de deseo, sino ante una brecha de autonomía", sostuvo Paula Narváez, al presentar los resultados del estudio. "Casi 6 de cada 10 personas en edad reproductiva en Argentina tienen menos hijos de los que desearían tener", agregó.
La verdadera crisis
El trabajo argentino va en la misma línea que el informe del Estado de la Población Mundial 2025 de UNFPA, que planteó que la verdadera crisis de fecundidad no está necesariamente en el descenso de las tasas sino en la distancia entre los deseos reproductivos y las posibilidades concretas de realizarlos.
"Coincido plenamente en la importancia de desestimar el pánico demográfico -dijo Narváez-. La disminución de la natalidad no debe interpretarse como una crisis, sino como la consecuencia de transformaciones estructurales profundas".
La directora regional de UNFPA para América Latina y el Caribe lo dijo claramente: "La verdadera crisis no es que las personas quieran menos hijos, la crisis es que muchas no pueden tener la cantidad de hijos que desean".
"La reducción de las tasas de fecundidad no es un problema en sí mismo, ni debe abordarse desde el pánico o metas numéricas. Es una tendencia estructural, global y, sobre todo, propia de los cambios en los proyectos de vida y en la dinámica de las sociedades modernas", aseguró.
Argentina forma parte de una transformación global. El dato que suma esta investigación es que, para muchas, personas, el dinero pesa más que el deseo.
Las barreras económicas representan el 62% de los motivos por los cuales las personas tienen menos hijos de los que desean. En ese conjunto aparecen las limitaciones financieras, la inseguridad laboral y las dificultades para acceder a una vivienda.
"La fecundidad y el proyecto reproductivo no se dan en el vacío, se sostienen o se frenan en el empleo, la vivienda y los ingresos", explicó Narváez.
La encuesta muestra una realidad compleja. La salud es considerada indispensable para una vida plena por el 97% de las personas; la seguridad económica, por el 96%; la vivienda propia, por el 95%; el desarrollo profesional, por el 92%. Tener hijos aparece también como un componente importante para el 65%.
La maternidad no desapareció de los proyectos, pero comparte espacio con otras dimensiones de la autonomía. Entre las mujeres jóvenes, además, aparece con mayor fuerza la posibilidad de construir una vida sin hijos. La maternidad y la paternidad pierden centralidad como mandatos sociales, mientras se diversifican las formas de construir una vida considerada plena.
Una investigación para escuchar a las personas
"Parte de la inspiración para hacer este estudio vino de la certeza de que Argentina atraviesa una de sus más fuertes transformaciones demográficas", explica Mariana Isasi, jefa de Oficina del UNFPA en Argentina.
"Tras décadas de estabilidad, vemos una acelerada caída de la fecundidad, alcanzando niveles de 1,2 hijos por mujer en 2024, una cifra que se sitúa significativamente por debajo del nivel de reemplazo poblacional", señala, pero advierte que el problema no puede reducirse al número de nacimientos.
"A menudo la conversación pública sobre este tema se inclina rápidamente hacia preocupaciones que tienen que ver con el decrecimiento poblacional. Sin embargo, desde el UNFPA entendemos que la 'verdadera crisis' no radica simplemente en que nazcan menos niños y niñas, sino que se manifiesta cuando muchas personas en nuestro país no pueden concretar sus deseos reproductivos", asegura.
"Tomando este marco y con el objetivo de generar evidencia científica local para el país, desde UNFPA en Argentina desarrollamos junto a Voices! la primera Encuesta de Intenciones Reproductivas en Argentina", explica Isasi. El objetivo fue "dar cuenta de la distancia entre la cantidad de hijos que desean tener y lo que efectivamente logran concretar".
"No basta con diagnosticar un fenómeno demográfico, necesitamos comprender en profundidad las motivaciones, las percepciones y, sobre todo, las barreras económicas, sociales y culturales que condicionan las trayectorias vitales de nuestra población", explica.
La investigación muestra que esas barreras no son iguales para todos. Entre las mujeres pesan especialmente las dificultades para conciliar la crianza con el trabajo remunerado, la falta de tiempo y energía y la desigual distribución de las tareas de cuidado. El bajo involucramiento de la pareja en las tareas domésticas y de cuidado aparece como motivo para tener menos hijos de los deseados en el 18% de las mujeres, frente al 7% de los varones.
La encuesta muestra que el cambio en los proyectos reproductivos convive con imaginarios familiares tradicionales. Aproximadamente la mitad de las personas prefiere esquemas en los que el padre trabaje tiempo completo y la madre medio día o se quede en el hogar, especialmente cuando hay niños menores de cuatro años. El 30% considera que la prioridad de una mujer debería ser su familia por encima de su carrera profesional.
Al mismo tiempo, la distribución concreta de las tareas continúa siendo desigual. Más del 60% de las mujeres se reconoce como principal responsable de las tareas de crianza. El cuidado de adultos mayores también recae más sobre ellas: el 51% de las mujeres se autopercibe como principal responsable frente al 36% de los varones.
"Entendemos que el descenso de la fecundidad es multifactorial: refleja la tensión entre proyectos personales y mandatos, la inseguridad material y las persistentes desigualdades en la organización de los cuidados", plantea Isasi.
Tener hijos más tarde
La postergación de la maternidad y la paternidad es otro de los factores que aparecen detrás de la baja fecundidad. Las personas jóvenes retrasan la llegada del primer hijo y ese corrimiento tiene consecuencias demográficas. Pero también puede generar una tensión con los límites biológicos de la fertilidad.
El 19% de las mujeres y el 18% de los varones encuestados manifestó haber experimentado infertilidad, que es la imposibilidad de concebir después de 12 meses de búsqueda. A la vez, el 70% aprueba el uso de técnicas de reproducción asistida para tener hijos y el 61% el congelamiento de óvulos.
Por otra parte, el 92% conoce métodos anticonceptivos, aunque persisten diferencias importantes entre mujeres y varones y entre generaciones. El 22% de las personas aseguró no haber podido utilizar el método anticonceptivo que había elegido en algún momento de su vida.
La autonomía reproductiva tiene que ver con poder evitar un embarazo no deseado y a la vez, poder concretar un embarazo deseado. "Generar esta evidencia local no pretende ser un ejercicio académico. Esperamos que los datos sobre qué necesitan y desean las personas en Argentina puedan acompañar las políticas públicas que transformen estos desafíos en oportunidades de bienestar", aseguró Isasi.
Y agregó: "La respuesta no consiste en promover más nacimientos, ni en reinstalar mandatos del pasado, sino en ampliar las posibilidades reales de que cada persona pueda decidir libremente. El desafío es remover las barreras que hoy restringen esa libertad".
De la crisis demográfica a la libertad reproductiva
La transformación demográfica es real: la fecundidad cayó, la población envejece y eso plantea desafíos importantes para los sistemas de salud, protección social, empleo, cuidados, vivienda y planificación.
"Entender la demografía no es imponer metas demográficas, es escuchar los sueños, los temores y las necesidades de cada mujer, de cada joven, de cada familia. La respuesta a los cambios demográficos nunca es imponer metas a los cuerpos o decisiones de las personas, la solución es ampliar derechos, garantizar cuidados y crear oportunidades reales", concluyó Narváez.
Isasi coincidió: "Poner en el centro las experiencias de las personas es esencial para comprender las decisiones reproductivas y construir respuestas pertinentes".
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