
Las lluvias persistentes, la elevada humedad ambiental y las temperaturas moderadas de las últimas semanas generaron el escenario ideal para el avance de la mancha blanca en maíz, una enfermedad que comenzó a ganar terreno en distintas regiones productivas y que preocupa especialmente en planteos tardíos.
Desde la Red de Manejo de Plagas (REM) de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) señalaron que se trata de una problemática compleja, con alta variabilidad en su comportamiento a campo y una dinámica difícil de anticipar.
En este contexto, remarcaron la importancia de comprender los factores que favorecen su desarrollo para ajustar las estrategias de manejo.
QUÉ ES LA MANCHA BLANCA DEL MAÍZ
Cabe recordar que la mancha blanca es una enfermedad causada por los hongos Phaeosphaeria maydis o Phoma maydis, aunque investigaciones recientes también involucran a la bacteria Pantoea ananatis como uno de los agentes principales asociados al daño.
Su aparición y expansión están estrechamente ligadas a ambientes con humedad relativa superior al 60%, lluvias frecuentes, temperaturas de entre 15 y 20 °C, noches frescas y prolongados períodos de mojado foliar.
A esto se suma la presencia de rastrojos y malezas que pueden actuar como reservorio de inóculo, mientras que el viento y las salpicaduras de lluvia facilitan la dispersión del patógeno.
CÓMO IDENTIFICARLA
Los primeros síntomas suelen observarse como pequeñas manchas blanquecinas sobre las hojas, que luego evolucionan hacia lesiones de color blanco grisáceo rodeadas por un halo oscuro. Con el avance de la enfermedad, esas lesiones pueden unirse y generar amplias áreas de tejido afectado.
La progresión generalmente se inicia desde las hojas inferiores hacia las superiores y desde el ápice hacia la base.
Aunque históricamente la mancha blanca aparecía hacia el final del ciclo del cultivo, en las últimas campañas comenzó a detectarse desde estadios reproductivos tempranos, con una evolución muy rápida cuando las condiciones climáticas acompañan.
Según explicaron desde la REM, altos niveles de severidad reducen significativamente la capacidad fotosintética del cultivo, afectando el llenado de granos y comprometiendo el rendimiento final.
El impacto, así, depende de factores como la susceptibilidad del híbrido, el momento de infección y el ambiente predominante durante el desarrollo de la enfermedad.
Las infecciones tempranas, especialmente aquellas que coinciden con etapas críticas como floración y llenado de granos, suelen provocar las mayores pérdidas productivas.
MANEJO INTEGRADO Y DECISIONES ANTICIPADAS
Frente a este escenario, desde Aapresid insistieron en que el manejo debe ser integral y preventivo.
Como primer paso, la elección de híbridos con mejor comportamiento sanitario aparece como una de las herramientas más importantes, ya que, aunque no existen materiales completamente resistentes, sí hay diferencias marcadas en susceptibilidad.
A su vez, remarcaron que el monitoreo sistemático del cultivo adquiere un rol central en campañas húmedas como la actual. Detectar la enfermedad en estadios iniciales permite seguir su evolución y definir intervenciones más precisas.
Entre las prácticas complementarias recomendadas se destacan la anticipación de la fecha de siembra -para evitar que los períodos de mayor susceptibilidad coincidan con condiciones predisponentes-, la implantación sobre lotes con menor carga de rastrojo de maíz y una nutrición equilibrada, evitando excesos de nitrógeno.
En cuanto al control químico, la REM indicó que la decisión de aplicar fungicidas debe sustentarse en una evaluación integral del lote, considerando severidad, potencial de rendimiento y condiciones ambientales. Las estrategias más utilizadas incluyen mezclas de estrobilurinas con triazoles o carboxamidas.
También advirtieron sobre la importancia del momento de aplicación. “Se debe tener precaución con aplicaciones muy tempranas, antes de V8, ya que la enfermedad suele intensificarse luego del panojamiento”, señalaron.
UNA ENFERMEDAD CADA VEZ MÁS FRECUENTE
En conclusión, con una campaña marcada por la humedad, la mancha blanca encuentra condiciones óptimas para expandirse y consolidarse como una problemática de creciente relevancia en las regiones maiceras.
Por eso, desde la REM subrayaron que anticiparse será mucho más efectivo que reaccionar tarde. En ese sentido, la combinación de genética, monitoreo permanente y una adecuada lectura del ambiente aparece como la principal herramienta para minimizar pérdidas.
Además, destacaron la necesidad de seguir generando información sobre el comportamiento del patógeno, la respuesta de los híbridos en diferentes ambientes y la eficiencia de las estrategias de manejo, incluido el uso complementario de fungicidas.
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