
Si bien en algunas regiones el exceso de humedad registrado en las últimas semanas generó demoras y obligó a ajustar decisiones, la siembra de trigo arranca con buenas perspectivas.
Para Ernesto Jauregui, de la Regional Aapresid Guaminí-Carhué y gerente técnico de Agropecuaria JB, las condiciones productivas son muy favorables.
“Los perfiles están cargados, y se viene una primavera que, en teoría, anuncia Niño, así que las perspectivas son las mejores”, afirma.
Desde la Regional Aapresid Venado Tuerto, Franco Petrelli (gerente técnico Agroconsultor), coincide en que la disponibilidad de agua aporta un piso productivo importante, aunque advierte que las lluvias también retrasaron el avance de las labores.
1° CLAVE PARA EL TRIGO: LA CALIDAD DE SIEMBRA
En este contexto, la calidad de implantación ocupa un lugar central, y se define mucho antes de la siembra, con la elección de cultivares.
En Guaminí-Carhué, la atención está puesta en el potencial de rinde y la sanidad, predominando los ciclos largos sembrados tempranamente.
“Ya no miramos tanto la calidad panadera porque la prima está siendo muy baja”, explica Jauregui.
Distinto escenario pinta Petrilli, para quien la calidad comercial puede generar oportunidades: “En la campaña pasada, algunos planteos lograron combinar buenos rindes con adecuados niveles de proteína y gluten, lo que permitió capturar mejores oportunidades de negocio”.

Para Franco Petrelli, la disponibilidad de agua aporta un piso productivo interesante, aunque también retrasó labores clave.
También agrega que para la zona de Venado Tuerto predominan los ciclos intermedios largos, que suelen mostrar mejores resultados productivos cuando se implantan dentro de su ventana óptima.
En cuanto a fechas de siembra, las demoras impuestas por las últimas lluvias seguramente obliguen a recalcular densidades óptimas, cuestión también dictada por la capacidad de macollaje de cada material.
2° CLAVE PARA EL TRIGO: LA FERTILIZACIÓN
Ante un panorama hídrico que invita a pensar en un buen potencial, la nutrición es definitoria. En el sur de Santa Fe, Petrelli reconoce que el precio de la urea obligó en muchos casos a bajar dosis en presiembra para corregir en macollaje, esperando bajas en el precio.
También aclara que esta decisión está respaldada por análisis de nitrógeno y nitratos a 60 centímetros que mostraron niveles adecuados.
El objetivo no es aplicar menos fertilizante, sino distribuir mejor la inversión según cada lote. “Lo que varía es cuánto ponemos a la siembra y cuánto en macollaje”, señala.
Para reducir incertidumbre, varios productores incorporan además franjas testigo y franjas de saturación de nitrógeno, herramientas que permiten afinar la respuesta del cultivo y decidir aplicaciones complementarias.
En el sudoeste bonaerense, Jauregui destaca que uno de los mayores avances fue la incorporación de tecnologías de aplicación por ambientes de fertilizantes nitrogenados y fosforados. Hoy dispone por ejemplo de mapas de tosca que permiten identificar limitantes físicas y ajustar la inversión nutricional al potencial de cada ambiente.
Otra práctica es la incorporación de azufre. “Cada tres años aplicamos carbonato de calcio a razón de 300 o 400 kg/ha para toda la rotación con azufre. Lo hacemos previo al trigo, donde vemos mayor respuesta”, relata.
Trigo: “Alcanzar el máximo potencial requiere gestionar de manera integrada nutrición, suelo y genética”
En este marco, según Jauregui, uno de los errores más frecuentes es el momento de aplicar el nitrógeno. “Muchas veces se pone el foco en la dosis y no en el tiempo que el nutriente necesita para incorporarse y quedar disponible para el cultivo”, añade.
“Entre que el nutriente llega al sistema y atraviesa el ciclo del nitrógeno para hacerse disponible para la planta pueden pasar 20 días. Por eso, retrasar aplicaciones puede comprometer el potencial del cultivo”, resume.
Y agrega: “La incorporación en nuestro caso tiene el mejor resultado en presiembra, donde el mayor temor no es el lavado sino la falta de lluvias posteriores que impidan la incorporación del nutriente”.
3° CLAVE PARA EL TRIGO: ANTECESOR Y RASTROJOS
Por otro lado, el antecesor es determinante también para una implantación uniforme. En el sudoeste bonaerense, Jauregui destaca el papel del girasol, que además de favorecer la acumulación de agua y facilitar el manejo de malezas, evita algunos de los inconvenientes asociados al maíz.
“En siembras de trigo luego de maíz hemos encontrado deficiencias nutricionales grandes porque el rastrojo inmoviliza nutrientes”, explica.
En el sur de Santa Fe, en cambio, la soja continúa siendo el antecesor predominante, por la sencillez del manejo y los mejores resultados. “Es donde vemos los mejores rindes, la mejor respuesta y una menor asignación de recursos”, señala Petrelli.
Por el contrario, cuando debe implantarse sobre el maíz, es clave revisar la estrategia de fertilización (debido a la inmovilización por parte del antecesor) y ajustar los coeficientes de siembra según el lote y contratista, buscando compensar posibles pérdidas de emergencia.
El exceso de humedad de muchas regiones agrega otro desafío. Jauregui advierte sobre el denominado “efecto sándwich”, situación que ocurre cuando la cuchilla no logra cortar el rastrojo y termina enterrándolo junto con la semilla.
Para evitarlo, en esta campaña decidieron ubicar las tareas de siembra en días de baja humedad y horarios donde la acción del sol y el viento permitan orear el suelo.

Ubicar las tareas de siembra en días de baja humedad y horarios donde la acción del sol y el viento permiten orear el suelo son clave para evitar el efecto “sandwich”
Por su parte, Petrelli señala que cuando los retrasos de siembra generan apuro, suelen aparecer los problemas de implantación. “Siempre priorizo que la semilla quede bien en contacto con la tierra y bien tapada”, explica. En campañas húmedas como la actual, respetar las condiciones de trabajo adecuadas resulta tan importante como la fecha de siembra.
4° CLAVE PARA EL TRIGO: MEDIR PARA DECIDIR
En este contexto, como cierre, tanto Jauregui como Petrelli coinciden en que muchos problemas de implantación comienzan cuando las decisiones se toman por costumbre y no por diagnóstico.
Para Petrelli, uno de los principales riesgos es trabajar con recetas fijas. “Todas las campañas son distintas”, remarca, y agrega: “En una campaña como la actual, donde las lluvias retrasaron las labores, será frecuente encontrar variedades implantadas fuera de ventana óptima, lo que puede comprometer parte del rendimiento”.
Jauregui, en tanto, pone el foco en aspectos operativos: “Además de las mencionadas demoras en las aplicaciones de nitrógenoy efecto ‘sandwich’ por siembras en húmedo, está la detección y control tardío de enfermedades.
“Creo que la mayoría de los productores están entrando tarde con umbrales de incidencia y severidad de royas y manchas”, advierte.
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