
Corría mayo del año pasado cuando, en Rosario, el Simposio Fertilidad reunía a una buena parte de analistas agropecuarios, empresas de insumos y productores que se juntaban para debatir acerca del panorama de la fertilización en el agro.
Más allá de cuestiones de inversiones y adopciones de tecnología, en una entrevista con Infocampo surgió una línea de análisis que meses después aportaría algunas miradas más: la posibilidad de que la cantidad de ingenieros agrónomos en la cercanía a los campos donde producen los productores no sea la suficiente.
A raíz de ello, este medio siguió el debate con referentes del área agronómica de distintas universidades nacionales: Adriana Rodríguez por Buenos Aires, Pablo Palazzesi por Rosario y Jorge Dutto por Córdoba.
También se sumó Elke Noellemeyer, investigadora de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPAM): su mirada tiene que ver con la necesidad de que haya más profesionales en zonas donde el agro, como economía, va ganando terreno.
¿FALTAN O NO INGENIEROS AGRÓNOMOS?
En junio de este año se realizó en Trenque Lauquen el congreso Puro Girasol, donde más de un centenar de productores agropecuarios acudieron a las instalaciones de la Sociedad Rural local y debatieron acerca de los alcances de un cultivo que va ganando en expansión.
En ese marco, la fertilización de los suelos fue uno de los grandes tópicos de la jornada. ¿El referente en la materia? La organización le dio el espacio a Martín Díaz Zorita, docente e investigador de la UNLPAM, y que es uno de los referentes más importantes a nivel nacional sobre esta materia.
Su mirada estuvo puesta en las brechas de rendimiento vinculadas a la falta de fertilización.
“Hoy sabemos que la nutrición consolida un más del 10% de las variaciones de rendimiento en cuanto a producción, tanto en la zona norte de la región, noreste de Argentina, el oeste de la provincia de Buenos Aires, La Pampa, sur de Córdoba o el sudeste, cada uno con sus particularidades, y lo importante es comunicar una visión de la importancia que tiene no decaer en el crecimiento del cultivo en todo su ciclo, pero atendiendo a la estrategia productiva”, planteó.
En el escenario marcó dos palabras claves: subestimación y sobreestimación. Luego, explicó: “Se está subestimando la importancia que tiene la fertilización de base con fósforo. ¿Qué quiere decir subestimar esa práctica? Que las dosis que se están utilizando y la frecuencia con la cual los lotes se están recomendando incorporación del fertilizante fosfatado son menos de los necesarios”.
Desde su mirada, una buena nutrición con fósforo desde la base en todos los cultivos, pero en particular en girasol, “permiten una mayor exploración del sistema de raíces, por lo tanto, aumentar la capacidad que tiene de provisionarse de agua, de recursos y darle estabilidad productiva”.
“Y lo sobreestimado es el nitrógeno. Se lo maneja con una estrategia de administración muy temprana, con consolidación de la formación del área foliar temprana, las hojas de abajo. Y el impacto importante es la consolidación del tercio superior de las hojas para poder asegurar o ayudar al llenado de los aquenios, la formación de la materia grasa, en definitiva, la producción en kilos. Está sobreestimado porque le pedimos de más con una estrategia de manejo que no es la más adecuada”, sintetizó.
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Pero Díaz Zorita había sido, justamente, quien en mayo de 2025 introdujo el debate acerca de la falta de ingenieros agrónomos en determinadas regiones. “Lo conozco bien porque el que pateó la piedra fui yo, en Fertilizar”, recordó al ser consultado nuevamente por el tema.
-El mes que viene se realizará una nueva edición de Agronea, en Charata, Chaco. Una zona en la cual el girasol es un cultivo importante y donde varias empresas del sector, tanto argentinas como del Exterior, empiezan a querer estar. ¿Cuentan con información de parte de la demanda de los productores locales, y las estrategias?
-Tengo muy poca información. Pero lo que sí tenemos es el creciente interés de las tecnologías que hacen al manejo del cultivo. La región del noreste argentino es una región de las tradicionales de girasol que tuvo una reducción importante en el área, y ahora está recuperando gran parte de esa extensión con resultados muy positivos. Pero sí con observaciones de tecnologías que requieren muchos ajustes locales.
-¿Cuáles?
-Un ajuste local es, por ejemplo, la fertilización con fósforo. El tipo de suelos que hay en la región del NEA es de los suelos que tienden a compactarse, a endurecerse y hacer más difícil el crecimiento de las raíces, donde la aplicación del fósforo es estratégica por el momento en el cual fertilizamos, pero también para el logro de esa implantación y para que cultivo pueda tener una base, una fuente nutricional asegurada, no es más que el análisis de suelo.
-¿Es una zona en la cual observen una falta de ingenieros agrónomos?
-Sin duda que en Argentina faltan ingenieros agrónomos en el campo, lo que no quiere decir que no haya suficiente cantidad de ingenieros agrónomos en la sociedad. Hoy las decisiones agronómicas y entendiendo el rol del ingeniero agrónomo, que es aquel profesional capacitado en balancear decisiones ecológicas, económicas y sociales en la toma de decisiones que la ejecuta un productor. Entonces, ese asesoramiento, cuando lo que estamos buscando es más eficiencia, equilibrar las decisiones productivas con el impacto que generan hacia el medio ambiente y su entorno, requieren la presencia más cercana de esos profesionales. En regiones no tradicionales en la agricultura es menos frecuente el ingeniero agrónomo, por lo tanto, los que asesoran tienen más superficie que atender y ahí necesitan un refuerzo importante en gente.
-¿Qué pasa en otras regiones?
-En otras regiones necesitan un reconocimiento mayor para poder estar más cerca del campo, estar más cerca de la toma de decisiones. Acá no es una cuestión de región, cuál hace falta y cuál no, sino de expectativas productivas y de resultados. Los ingenieros agrónomos son un pilar insustituible en lograr ese equilibrio en el momento de tomar la decisión.
-Y en casos como el sur de Chaco, donde hay “nuevas hectáreas” que se suman a los esquemas agrícolas, ¿debería haber una política pública orientada a dirigir ese movimiento, en pos de un crecimiento armónico?
-Por suerte Argentina tiene un sistema universitario de formación de profesionales íntegros, críticos y que tienen desde su inicio esa búsqueda del equilibrio y el análisis de su responsabilidad profesional. Las universidades logran acercar ese desarrollo territorial y calificar gente en algunos lugares con experiencia regional, otras con experiencia un poco mayor para atender al desarrollo territorial. La regulación no es buena amiga de las buenas decisiones, pero sí la formación académica y la formación de las personas, y atender a las necesidades en tiempo real.
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-¿En relación a este tema, qué pasa por ejemplo con el desarrollo del girasol?
-Hoy si tenemos que pensar en cómo apuntalar estos nuevos desarrollos, hoy el girasol en algunas regiones nuevas, aunque puede ser en las mismas regiones de antes pero con una generación diferente, en el oeste de Buenos Aires es un cultivo tradicional, pero con baja superficie. Y cuando aumenta la superficie para muchos resulta un cultivo nuevo. Eso está del lado de la educación, de la formación de los profesionales, de la actualización, que es una tarea que cumplen las universidades, que cumplen la formación del profesional y que eso tiene un compromiso directo en el desarrollo territorial.
-¿Qué opinión tiene sobre el debate posterior a su declaración de mayo de 2025, y lo expresado por distintos decanos y analistas posteriormente?
-Lo conozco bien (al tema) porque el que pateó la piedra fui yo en Fertilizar (NdR: sonríe). De este aprendizaje de identificar cuál es el rol del profesional en el sector agropecuario y cuál es su contribución, se desprenden varias lecturas, que son propias de cada institución. Lo importante es darle valor al profesional y ponerlo en el lugar de jerarquía en la toma de decisiones que lo amerita. Hoy hacer producción no es solo cuántos kilos producimos, sino cómo lo hacemos y para qué lo hacemos. Y ese equilibrio es lo que se logra a través del asesoramiento, la guía y en muchas regiones y casos con la tranquilidad de un profesional matriculado que se hace responsable de la mejor decisión para la ejecución de esa práctica productiva que el productor en definitiva es de lo que está viviendo. Entonces las lecturas son varias.
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-¿A qué se refiere con el análisis de cada universidad?
-Cada región, cada universidad define qué puntos necesita apuntalar en cuanto a la formación, en cuanto al compromiso, pero hay un factor común.
-¿Cuál?
-En que estamos presentes como universidades en formar los mejores profesionales para el presente y proyectados hacia ese futuro incierto que uno maneja. Un profesional es alguien que tiene capacidad de análisis crítico. Y en ese punto hoy el mayor valor que vemos a recuperar, a cuidar y a atender es cómo es esa inserción dentro de la toma de decisiones a nivel social y ese reconocimiento para acercar la formación profesional al tomador de decisiones, sabiendo que en esa trayectoria es una situación de ganancia.
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-¿Por qué?
-Porque vamos a hacer que el equilibrio entre el cuidado del ambiente, el resultado de la sustentabilidad de la empresa desde indicadores económicos y financieros y su compromiso con el entorno, que es en la sociedad en sí misma, se vayan siempre retroalimentando y siendo positivos.
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