El mapa agrícola mundial es tan diverso como los ambientes en los que se produce. Sin embargo, detrás de las diferencias de clima, suelo, tecnología y escala existe una preocupación que atraviesa a los productores de todo el planeta: cómo producir más y mejor frente a condiciones cada vez más exigentes.

Esa mirada global es la que Pablo Lafuente, director de negocios de Spraytec, llevó al último Congreso Aapresid, realizado en Rosario, donde dialogó con Infocampo sobre los desafíos que enfrenta la agricultura y el proceso de expansión internacional de la compañía.

Desde su función, Lafuente trabaja con mercados que van desde Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia hasta México y Honduras, además de más de una veintena de países europeos, Turquía, Rusia, Kazajistán, Ucrania y Australia. A ese mapa se sumaron recientemente Egipto y Sudáfrica, consolidando la presencia de la empresa en los cinco continentes.

Esta diversidad de escenarios le permite observar de primera mano las particularidades de cada sistema productivo, pero también encontrar puntos en común.

Las personas terminan haciendo agricultura, que es intervenir el ambiente para poder generar alimentos”, explicó Lafuente, sintetizando el denominador común que une a productores de regiones muy diferentes.

UN DESAFÍO QUE ATRAVIESA FRONTERAS

Para el entrevistado, detrás de cada realidad productiva existe una misma vocación: encontrar herramientas que permitan superar las limitaciones que impone el ambiente. El clima, las plagas y las condiciones particulares de cada campaña obligan a los productores a tomar decisiones permanentemente y buscar nuevas alternativas.

“Los agricultores tienen un hilo conductor, lugar del mundo que sea: es la permanente búsqueda de cómo producir más, mejor, tratando de pasar por alto las dificultades que tanto el ambiente como el clima les van poniendo en su camino”, señaló.

En ese recorrido, la experiencia acumulada en los distintos mercados también se transforma en una fuente de conocimiento. La posibilidad de trabajar en países con diferentes niveles de desarrollo agrícola permite comparar prácticas, tecnologías y estrategias de manejo, y detectar qué soluciones pueden adaptarse de una región a otra.

“Muchas veces nos encontramos con países donde la agricultura tiene un menor grado de desarrollo y donde se están haciendo prácticas o pruebas que en Argentina ya hicimos, evaluamos y superamos hace tiempo. Pero también sucede al revés: encontramos desarrollos muy evolucionados en otros países que pueden aportar muchísimo a nuestra agricultura”, explicó Lafuente.

EXIGENCIA ARGENTINA COMO SELLO DE CALIDAD

El conocimiento generado en el país, sostiene, es reconocido internacionalmente. Esa reputación no solo alcanza a los productores, sino también a los técnicos y profesionales que participan en el desarrollo y validación de nuevas tecnologías.

Cuando hablamos de agricultura, saben que hablan con personas que entienden de lo que están hablando”, destacó Lafuente.

Para Spraytec, esa exigencia también representa una ventaja a la hora de desarrollar y validar tecnologías. En un mercado donde cada decisión debe justificarse económicamente, una solución no alcanza con demostrar que funciona desde el punto de vista agronómico: también tiene que generar una respuesta concreta para el productor.

“Acá cada dólar invertido tiene que funcionar porque al agricultor no le sobra nada”, remarcó el directivo. Esa presión por la eficiencia, lejos de ser una limitante, puede convertirse en una fortaleza cuando las tecnologías desarrolladas bajo esas condiciones luego son llevadas a otros mercados.


Es una tarea fantástica llevar tecnología diseñada en Argentina a cada rincón del planeta”, resumió Lafuente, poniendo en valor el recorrido que realizan las soluciones desarrolladas localmente hasta llegar a sistemas productivos de características muy diferentes.

EL DESAFÍO DE ROMPER EL TECHO

La mirada internacional también permite poner en perspectiva algunos de los problemas que enfrenta la agricultura argentina. Entre ellos, Lafuente ubicó el estancamiento de los rendimientos de soja, un cultivo clave para la economía nacional.

Durante el Congreso, planteó que, mientras otros países de la región lograron sostener una evolución positiva en sus niveles de productividad, Argentina lleva más de una década con rendimientos promedio que muestran dificultades para despegar.

“Tenemos que replantearnos qué estamos haciendo y por qué estamos estancados en la productividad”, sostuvo.

Para Lafuente, el desafío implica revisar estrategias y animarse a incorporar herramientas que permitan ampliar los techos productivos. En ese proceso, la tecnología aparece como una pieza central, pero siempre vinculada a un manejo agronómico eficiente y a decisiones que contemplen el resultado económico del sistema.

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La discusión, en definitiva, no pasa solamente por producir más, sino por hacerlo de manera eficiente y sostenible para el negocio. En un escenario de alta volatilidad, cada decisión sobre insumos, tecnología y manejo puede tener un impacto directo sobre el margen final.

TECNOLOGÍA Y DECISIONES EN UN ESCENARIO VOLÁTIL

Lafuente también puso el foco en la necesidad de administrar con prudencia los costos y las oportunidades que ofrece el mercado. Frente a las variaciones de precios de los commodities y de insumos estratégicos como la urea, consideró fundamental evitar decisiones apresuradas que terminen deteriorando la rentabilidad.

En ese contexto, planteó que el productor debe analizar cada inversión desde una perspectiva integral, buscando que la tecnología permita mejorar la eficiencia del sistema y no simplemente incrementar el volumen de insumos utilizados. “No compensemos cantidad por calidad”, afirmó.

La frase resume buena parte de la mirada que Spraytec llevó al Congreso Aapresid: el camino no pasa necesariamente por hacer más de lo mismo, sino por utilizar mejor el conocimiento, la tecnología y los recursos disponibles.